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Demagogia e ignorancia en elecciones: empleomanía

Francisco Montfort

Kairós: Francisco Montfort Guillén

El humor social sobre el presente del país se mueve dentro de la esquizofrenia. O como decían los antiguos: se mide con dos varas distintas. Si de opinar sobre la situación nacional se trata, entonces la mayoría de los mexicanos afirma <<que la situación está del nabo>>. No encuentran motivos para sentir que la economía marcha, al menos, lo mejor posible. Tampoco los gobernantes ofrecen acciones de dignidad por las cuales los mexicanos se sientan orgullosos. Bajo estos nubarrones todo parece caótico, de mal en peor y malamente sin salidas.

En cambio, si opinan sobre la situación particular, las cosas cambian. Los empresarios afirman que el futuro inmediato de su empresa lo ven promisorio (calificaciones por arriba del 50, número que marca los límites del índice sobre sobre optimismo y pesimismo). Y derivado del ser mexicano, se afirma, con José Alfredo Jiménez, (“a veces me ando cayendo/y el orgullo me levanta/nací con alma de acero”), que <<ahí la vamos pasando>>, que los asuntos personales van bien, que no faltan los momentos de alegría, y que la familia y sus pequeños éxitos diarios ofrecen optimismo y esperanzas: todo, menos que, personalmente, los mexicanos están igual de jodidos que el país.

Esta división tajante sería un dato de estudio sobre conductas sociales, sólo para sociólogos y psicólogos sociales, si no fuera porque también se presenta en la economía, algo de lo que a diario hablamos pero que muy pocos entienden, incluidos la mayoría de los economistas. Un grupo importante que vive esta esquizofrenia son los empresarios, grupo fundamental para el funcionamiento adecuado de la sociedad. Ellos y ellas ven al país sin salidas a sus diferentes crisis (calificaciones por debajo de 50 en el índice señalado). Y ellos, junto con los grupos de comentócratas, incluidos algunos importantes generadores de ideas, y el gran número de seguidores de opinión, sobre todo, los grupos que denominaremos de izquierda, que desde el siglo pasado se oponen a la manera en que ha sido conducido el país, han impuesto la creencia generalizada sobre el mal e incorregible funcionamiento del país, y también sobre todas las decisiones adoptadas desde el gobierno federal, sin considerar las condiciones reales del desarrollo del capitalismo.

Ignorando las prácticas de vida que imponen el enorme avance tecnocientífico mundial, la influencia del sistema financiero global, la usencia o debilidad extrema de las infraestructuras tecnocientíficas de México, las malas condiciones de escolaridad y capacidades profesionales y habilidades técnicas de los trabajadores, las limitadas capacidades reales de inversión interna en maquinaria y equipo, el débil sistema fiscal, el pésimo sistema de redistribución de la riqueza generada, la precaria salud de los trabajadores: en fin, desconociendo nuestras realidades, los políticos y gobernantes se lanzan a hacer promesas electorales de bienestar y progreso que poco, muy poco tienen que ver con la potencialidad real del país.

Los ciudadanos mexicanos exigen mejores condiciones de seguridad. También mejores infraestructuras y servicios de salud. Y lo mismo sucede con la educación. Y con el combate a las pobrezas. Pero poco se detienen a considerar que todo eso cuesta mucho dinero, que el petróleo ya no generará ingresos presupuestarios como lo hacía anteriormente, que la deuda no puede seguir creciendo y que alguien tiene que pagar por esos niveles de calidad de los servicios públicos que, con razón, todos exigimos. Y muchos mexicanos se niegan a pagar el nivel real de impuestos que exige tener los servicios y bienes públicos de la calidad y cantidad que exigen. Alegan, también con justificada razón, que no pagan más impuestos porque los funcionarios públicos se roban los dineros de públicos. Y no están equivocados. Sólo que votan siempre por el mismo partido. No impulsan, con grandes manifestaciones y presión social, la aprobación y aplicación del Sistema Nacional Anticorrupción, diseñado en gran medida por ciudadanos mexicanos de muy altas capacidades profesionales.

Y están bien las quejas. Y las críticas. Pero la sociedad mexicana no está en el siguiente escalón de acción política que es interesarse y conocer, en serio, de las condiciones que han provocado, por ejemplo, la quiebra de las finanzas públicas del estado de Veracruz. No existe tampoco en las campañas el discurso político que explique a la ciudadanía el por qué fue posible que en tres sexenios se conformara el latrocinio de los recursos públicos como sello distintivo del manejo de los presupuestos públicos. Porque el mal se incubó desde el sexenio de Miguel Alemán. Y se reprodujo en gran escala con Fidel Herrera y Javier Duarte. Y durante estos tres sexenios los asuntos públicos fueron privatizados. Los negocios privados importantes dependieron siempre de las decisiones políticas con recursos públicos.

Jamás hubo, en 18 años, políticas públicas exitosas para alentar la inversión fija bruta de capital, es decir, la inversión en maquinaria y equipo que es productiva, la que en verdad genera riqueza en forma de empleos, salarios, impuestos y ganancias de capital. Por eso, como lo han demostrado Rafael Arias e Hilario Barcelata, la economía veracruzana ha padecido periodos de recesión económica, es decir, que no sólo no ha crecido, sino que ha decrecido el Producto Interno Bruto Estatal, lo que significa ausencia de inversiones, de empleos, de nuevas empresas con innovaciones tecnológicas y de generación de riquezas colectivas y personales.

Proponer que el gobierno sea el eje del desarrollo, crear la ilusión de que el gobierno puede ser la principal fuente de empleos y de negocios, sin que esta decisión lesione a la economía real es vivir en el error. Y continuar empeñados en seguir hundidos en él. Por ejemplo, proponer alegremente la creación de 92 mil nuevos empleos como lo hace Héctor Yunes Landa, el candidato del PRI, en una economía en recesión, con despidos masivos de obreros, sin inversión fija bruta, tampoco inversión realmente productiva en infraestructuras, sin verdaderos empresarios y sin trabajadores calificados para desempeñarse en la nueva economía industrial del capitalismo digital es, nada más y nada menos, que exhibir ignorancia, demagogia o mala fe, en afán de engañar nuevamente a los electores veracruzanos.

La economía mexicana crece a tasas de 2.5 por ciento anual en promedio. La veracruzana crece también, en promedio, siempre por debajo de la media nacional (Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro crecen a tasas mayores al ocho por ciento en promedio). La competitividad de Veracruz se sitúa, según el IMCO, en el lugar 26 a nivel nacional, mediante el importante índice de medir la competitividad como la capacidad de atraer talento y arraigarlo en la entidad. De igual manera, el IMCO sitúa a la entidad en los últimos lugares en seguridad, en la confiabilidad de su sistema de derecho e impartición de justicia. También acompaña, a la <<Muñeca Fea>>, en los sótanos de la corrupción y la impunidad. Está en quiebra el sistema de salud. No existe un sistema productivo agroalimentario digno de ese nombre, mientras que estados como Jalisco, Guanajuato, Sinaloa, y algunos más, como Sonora han hecho de la agricultura y la ganadería el principal exportador de mercancías con valor agregado del país, por encima de la manufactura, el turismo y las remesas.

De 2015 a 2016 el gasto corriente aumentó en ocho por ciento (de 58 mil a 63 mil millones de pesos aproximadamente, mientras que en el mismo periodo la inversión en infraestructura decreció casi 75% (de casi 13 mil millones a poco más de tres mil millones de pesos). Aumentaron gasto para sueldos y salarios en este año electoral, para disponer de recursos financieros en plazas y en efectivo. Y ya no invierten en el único rubro que genera riqueza. Estos son los saldos de los últimos 18 años de gobiernos del PRI. Los gobernantes han promovido un <<crecimiento económico destructor>>, según la idea de Macario Schettino. Sí han existido etapas de crecimiento en la economía de la entidad, pero han sido etapas de devastación de los recursos veracruzanos, naturales y humanos, por falta de sistemas productivos sostenidos por conocimientos científicos y tecnológicos. Basta una mirada para constatar el deterioro ambiental en la entidad y la calidad de vida de los trabajadores. Devastando los recursos naturales (atrás quedaron la <<Poza Rica>> y otros <<veneros del diablo>>) se crearon riquezas con técnicas expoliadoras. Ahora todos debemos pagar las consecuencias. Crecer sin aplicar conocimientos que agreguen valor a los productos, condena a la sobre explotación de materias primas, del hábitat, de los seres humanos. Seguimos siendo pobres en conocimientos, tecnologías y ciencias, en formación de capital humano. ¿Qué empleos se pretenden producir en medio de estas realidades? ¿Los empleos para los amigos, los afines, los compañeros de Partido; pagados todos por el gobierno? Demagogia, ignorancia en las elecciones. Algunos candidatos como Cuitláhuac García, el mirrey de la izquierda, el payasito del PES, <<Pipón, es un muñeco de muy cursi de cartón, se lava su carota con money del gobierno)>> y sus maneras cristianas, Alba Leonila, su falta de ideas y sus gritos en la oscuridad no son capaces siquiera de articular su discurso. Pobreza de ideas para resolver las crisis que vivimos. ¡Qué hueva escuchar sus promocionales!

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