Global

EE UU ratifica ante el G-20 la guerra comercial contra China

4

Federico Rivas Molina

La guerra comercial está en su apogeo. Los ministros de Finanzas del G-20 reunidos desde este sábado en Buenos Aires evitaron en público palabras por fuera del protocolo diplomático. Pero  la tensión entre EE UU, China y la UE lo sobrevoló todo en el primer día, con discursos “bastante catastróficos y negros sobre el futuro”, según contó una fuente presente en las conversaciones que se realizan a puertas cerradas. El secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, dijo en la previa que su país espera “que China avance hacia un comercio más balanceado”. No usó el tono de amenaza constante que tanto gusta a su jefe político, Donald Trump, pero puso sobre la mesa la posibilidad de aplicar aranceles a la totalidad de los bienes chinos que cada año ingresan a EE UU, por valor de 500.000 millones de dólares. Desde la UE, el ministro de Finanzas de Alemania, Olaf Scholz, pidió medidas que garanticen el libre comercio. “Las ganancias son mejores cuando colaboramos entre todos”, dijo a periodistas antes de la reunión con sus pares.

El escenario del comercio mundial cambió dramáticamente desde la última reunión de ministros de Finanzas realizada en Buenos Aires, en marzo. Las advertencias de EE UU hacia China y la UE son ahora una realidad y el desafío no es ya cómo evitar una escalada sino cómo administrarla. El Gobierno de Trump impuso a principios de mes un arancel del 25% a productos chinos por 34.000 millones de dólares, a los que podría sumar otros 16.000 millones. Está en estudio además un impuesto de 10% a bienes valorados por 200.000 millones. Trump dijo el viernes que estaba “listo para ir por 500″, en referencia al déficit comercial de 505.000 millones de dólares que, según sus cálculos, EEUU tiene con China.

Mnuchin no habló en Buenos Aires de la posibilidad de nuevos aranceles ni dijo que China “está robando” a EE UU, como asegura Trump. Refirió en cambio que su país tuvo “muchas reuniones privadas” con China con el objetivo de alcanzar una relación comercial “más balanceada”. “Para nosotros el objetivo es vender más bienes. La única restricción es por cuestiones de seguridad, pero tenemos un mercado muy abierto. Esperemos que China avance a un comercio más balanceado”, dijo el secretario del Tesoro.

La cumbre servirá a EE UU para tratar de sumar apoyos a su escalada con China, sobre todo entre los países del G-7, que a diferencia del G-20 reúne sólo a economías desarrolladas. Puede que Mnuchin no encuentre lo que espera. La UE y Canadá padecen las consecuencias de los aranceles de EE UU al aluminio y al acero, lo que provocó medidas de represalia. El ministro de Economía de Francia, Bruno Le Maire, fue muy directo en su malestar hacia el Gobierno de Trump. “Hacemos un llamado a la razón a EE UU, a respetar las reglas multilaterales y a respetar a sus aliados”, dijo en declaraciones a AFP en Buenos Aires. “Estadounidenses y europeos son aliados. No podemos entender por qué nosotros, europeos, nos vemos afectados por el aumento de aranceles comerciales decidido por EE UU”, agregó.

En representación de España viajó a Buenos Aires la ministra de Economía, Nadia Calviño. Durante su discurso en el foro, Calviño optó “por un discurso en positivo”, precisaron a EL PAÍS fuentes de la delegación. “La ministra destacó el valor del multilateralismo y puso el ejemplo de España, donde la internacionalización de la economía ayudó a salir de la crisis. El comercio exterior ayuda a mejorar la competitividad y los salarios”, dijo la fuente.

El desafío de los emergentes

El G-20 incluye también a grandes economías emergentes, como Brasil, China, Rusia e India. El ministro de Finanzas de Brasil, Eduardo Guardia, ratificó en un encuentro cerrado con periodistas que las tensiones comerciales sobrevolaron el inicio de las conversaciones. Y fijó la posición que deben tener, a su entender, los países en desarrollo en esta disputa. “Dijimos de manera transparente los temas que nos preocupan, La preocupación común es que una escalada de las tensión no es positiva para el comercio mundial. Una economía más abierta es mejor para nuestros países”, dijo Guardia.

El costo de la guerra comercial no es aún cuantificable, pero el FMI ya advirtió que las consecuencias se verásn a mediano plazo. La titular del Fondo, Christine Lagarde, reiteró en Buenos Aires que “en el peor escenario, las medidas [comerciales] actuales pueden tener un impacto de alrededor de 0,5 puntos [negativos] del PIB global” en 2020. Lagarde aclaró que el FMI toma en cuenta el impacto de las “medidas anunciadas y en proceso”, pero que no “especula sobre lo que puede venir”.

Argentina propuso como país anfitrión del G-20, el primero de América Latina que cumple ese rol, una agenda que discuta políticas públicas en torno a los cambios tecnológicos que afectan al empleo y una apuesta por más inversiones globales en infraestructura, además de una regulación efectiva ante el fenómeno de las criptomonedas. Pero la guerra comercial se ha colado en el temario. La cumbre de marzo terminó sin acuerdo, con un texto que llamó a “seguir dialogando”. En eso están ahora los ministros reunidos en Buenos Aires, y el Gobierno argentino tiene el desafío de coordinar eventuales consensos.

El País

About the Author

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *