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El día que los ciudadanos decidieron votar

Raul Vazquez montoya

Raúl Vázquez Montoya
rmontoy@hotmail.com

Las responsabilidades se asumen en las urnas, a través del voto podrán castigar a los políticos por el desastre que estamos viviendo. La participación de los jóvenes y las redes sociales serán determinantes en las elecciones del 2018. La mesa está servida para los 88,311,542 millones de ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores, de los cuales 36,385,842, representa el 41%de los jóvenes de entre los 18 y los 34 años, en efecto, es el porcentaje más alto de ciudadanos que podrán votar, de ese segmento electoral están 15,504,367 (17.6%) de jóvenes, de entre los 18 y los 24 años de edad,que podrán votar por primera vez para Presidente de la República. Se trata de jóvenes nacidos después de 1994, justamente seis años antes en el que el PRI perdiera la Presidencia, generándose la primera alternancia en el gobierno federal.

Un sector importante de los nuevos votantes se decantará por el cambio, basta caminar por los pasillos de las universidades o instituciones para entender la postura de los jóvenes. La pérdida de apoyo a los partidos tradicionales y la irrupción de un nuevo partido político y las candidaturas independientes, dejarán un reparto de escaños que obligará a los partidos políticos a un pacto para construir una nueva etapa política.

El ciudadano no se siente representado por sus gobernantes, por sus legisladores y por sus partidos políticos ¿Entonces que nos queda? pagar con nuestros impuestos los 45 mil millones de pesos del costo total del proceso electoral. No queremos una sociedad que se niegue a participar y asumir responsabilidades. No, también nos queda actuar con corresponsabilidad política para impulsar los cambios y cerrar el paso a los excesos, a las improvisaciones y a la demagogia. ¿Tenemos una sociedad que olvida? Imposible olvidar que los gobiernos toman decisiones a corto plazo porque los partidos quieren ganar las elecciones. Entonces, porqué creerle a los políticos que van a solicitar el voto para hacer algo que durante el tiempo que tuvieron en el poder no lo hicieron, pero ahora prometen a cambio de nuestro voto que van acabar con la inseguridad, la pobreza, el desempleo, la corrupción, mientras que no hicieron nada cuando tuvieron cargo importante de poder. No se trata solamente de hacer buenas campañas y aplicar la cultura del envase que, consiste en despreciar los contenidos. Se trata de echar a andar en la sociedad ideas poderosas, porque la política tiene la responsabilidad de generar consensos pero también la de crear alternativas.

Los candidatos tendrán que lograr articular un discurso alternativo e innovador distinto a los que ya conocemos, revelando los problemas estructurales que nos afectan para colocar en la agenda política las necesidades insatisfechas. El malestar de las generaciones que han ido perdiendo interés en la política, se da en parte por la distancia entre los elogios declarados y la realidad, el pragmatismo que domina a la política, la impunidad, la corrupción política, el modo en que se ejerce el poder; así como por los problemas no resueltos, el aumento del desempleo, la inseguridad, el fracaso educativo, el sistema de salud colapsado y que la economía familiar está creciendo en la dirección incorrecta.

En la fase de las precampañas, se jugaron dos cosas: el liderazgo de las preferencias electorales y el pase a la final. López Obrador, superó a sus adversarios al ampliar su popularidad entre los electores y en reforzar el equipo con militantes provenientes de otros partidos políticos. El otro finalista es Ricardo Anaya al desplazar a Pepe Meade. Las apuestas colocan a López Obrador como favorito para sentarse en la silla del águila.

La consolidación de la campaña política del “Tsunami López Obrador”, invade territorio nacional. Se puede observar en las nueve gubernaturas en juego, Morena-PT-PES se perfila como favorita en la Ciudad de México, Morelos y Tabasco, el PAN-PRD-MC en Guanajuato, Puebla y Yucatán, así como Movimiento Ciudadano en Jalisco. El PRI no figura como favorito en ninguna de las gubernaturas, ¿Será Yucatán? el triunfo del honor. En Chiapas y Veracruz se visualiza la elección cerrada.Mientras tanto, en las elecciones de Senadores,refleja la misma orientación del voto. Todo indica que el PRI se encamina al peor desastre electoral.

Tengo claro, que otra cosa son las reglas de juego, lo estructural y las facultades metaconstitucionales, que pueden cambiar el panorama político rumbo al domingo 1º de julio del 2018.

Es momento de detenerse para mirar las elecciones en el estado de Veracruz. En un análisis simple, se observa que existe una competencia electoral ajustada entre el PAN-PRD-MC y Morena-PT-PES, relegando al PRI-PANAL al tercer sitio. La sociedad apuesta a una política fresca, políticos honestos, cercanos y con visión de futuro. El PRI tiene que cambiar la estrategia para atraer el voto estratégico, tiene la posibilidad de llenar esa expectativa electoral con el candidato Pepe Yunes.

El principal protagonista de las elecciones es el abstencionismo. Durante las elecciones, tendrá lugar la copa mundial de fútbol. En las fechas de la parte final de las campañas y la jornada electoral, se jugarán partidos incluyendo los de la selección mexicana. Los candidatos tendrán que vencer el abstencionismo ante una sociedad escéptica con las clases de políticos que se mueven por intereses propios y que han dejado de lado el interés general, incrementado el nivel de hartazgo. Una sociedad que busca oportunidades y exige soluciones. ¿Influirán otros factores en el abstencionismo? El juego de poder, las ausencias de propuestas, la inseguridad y el voto del miedo.

Los candidatos tienen que construir un mensaje estratégico en torno a un objetivo claro y que tengaimpacto sobre ciertos sectores del electorado para atraer el voto, del abstencionismo, de los indecisos, del voto razonado, del voto oculto, del voto útil ydel voto consolidado de los partidos políticos.

Es la hora de razonar el sentido del voto y asumir la responsabilidad de acudir a las urnas a votar. Si siempre hacemos lo mismo, no esperemos resultados diferentes.

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