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La Bolsa y los mercados brasileños muestran su apoyo a Bolsonaro

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Hacía tiempo que la Bolsa brasileña no ha estaba tan bien. Tras largos meses de turbulencias, provocadas por los caóticos bandazos de la campaña electoral que comenzó el 15 de agosto, el martes cerró con una subida de casi el 4%, la mayor desde noviembre de 2016. El dólar, que no había hecho más que subir en las últimas semanas hasta costar unos prohibitivos 4,20 reales, por fin está bajando y ya vuelve a volúmenes más manejables: 3,9 reales. No todos los inversores están dispuestos a admitir en voz alta el motivo de tanto optimismo pero saben cuál es. Jair Bolsonaro, el candidato ultraderechista a la presidencia de Brasil, vuelve a subir en las encuestas a cuatro días de la primera vuelta. Y si a Bolsonaro se le va bien, el mercado de la mayor economía latinoamericana está contento.

“Nos dimos cuenta de que si no tenemos a nadie que sea exactamente como nos gustaría, al menos tenemos a alguien que es contrario al Partido de los Trabajadores, el cual es nuestro mayor miedo”, se defiende Felipe Miranda, fundador de Empiricus, una publicación que sugiere inversiones para 200.000 suscriptores. “Lo observamos el día [6 de septiembre] que Bolsonaro fue apuñalado [por un perturbado en un acto de campaña]: se interpretó que eso le ayudaría a ser elegido y el mercado subió mil puntos de golpe. Fue entonces cuando los mercados brasileños se revelaron bolsonaristas”.

Este beneplácito es exclusivo de Brasil: en el extranjero, la agencia Standard & Poor’s emitió un comunicado el martes alertando que el segundo favorito en las encuestas, Fernando Haddad, representa la mejor opción para su economía. Pero aquí el apoyo es palpable. Y que Bolsonaro, el candidato al que rechaza un 46% del electorado, más que a ningún otro, se haya convertido en el favorito de los mercados brasileños supone un paso decisivo para su legitimización. Será un ultraderechista autoritario, que no esconde ni su apego a la dictadura militar ni su desprecio a las normas democráticas y los derechos civiles de las minorías, pero al menos a los empresarios les parece que vendrá bien para hacer caja.

Es un apoyo silencioso, fraguado entre bastidores, y de hecho ninguno de los empresarios consultados por EL PAÍS han querido hablar con nombres y apellidos. Pero el 10 de agosto hubo una reunión del ultraderechista con 62 productores y Entre ellos estaban los pocos que últimamente se han atrevido a dar muestras de crédito público a Bolsonaro. “Yo apoyo a quien vaya contra la izquierda, sea quien sea”, le dijo Meyer Nigiri, dueño de la constructora Tecnisa, a la revista Piauí. Bráulio Bracchi, de la empresa Artefato, también le comentó al periódico Folha de S.Paulo que “en casi 40 como financiero de empresas nunca había visto a un candidato que no pedía dinero”.

Bolsonaro ha buscado esta aprobación sin pudor. Empezó hace meses a dejar caer ideas cada día más ultraliberales, como explotar tierras que hoy están protegidas para los indígenas o para preservar el medio ambiente, vender empresas públicas. Para rematar la jugada, nombró como brazo derecho a un reputado economista formado en la Universidad de Chicago, Paulo Guedes, como asesor financiero. La decisión resultó efectiva al menos por dos motivos: como declaración de que en terreno económico Bolsonaro iba a dejarse controlar (él mismo admite que no sabe mucho del asunto) y para darle a muchos empresarios un pretexto para apoyarle.

Su rival más inmediato en las encuestas, Fernando Haddad, representa a la bestia negra de los mercados brasileños: el Partido de los Trabajadores, que ha ocupado el gobierno 13 de los últimos 15 años. O sea, la época de bonanza y también la estrepitosa recesión por la que se despeñó la economía en 2015, de la que muchos culpan al PT y su obsesión por dejar que el Estado controle incontables inversiones clave para el país. El viernes pasado, Haddad, licenciado en Económicas por la Universidad de São Paulo, tuiteó que “el mercado es una entidad abstracta que aterroriza al pueblo”.

“Y eso que Bolsonaro no es 100% liberal”, apostilla Miranda. “Si lo fuese, la Bolsa estaría a mil puntos y el dólar a 3,70 reales”.

El País

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