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La UE sufre el peor brote de la fiebre del Nilo, que ya ha causado 85 muertes

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La Unión Europea vive desde el pasado mes de junio el brote más virulento de la fiebre del Nilo Occidental de su historia, con más de 1.134 afectados y 85 fallecimientos, según datos del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, en sus siglas en inglés). Solo en la última semana, 25 personas han fallecido por la enfermedad, 14 de ellas en Italia, seis en Rumania y cinco en Grecia. Los países donde la enfermedad ha causado más muertes son Italia (35), Rumania (25) y Grecia (19), además de un fallecido en Hungría. El azote del virus también ha llegado a países vecinos como Serbia, que ha registrado desde el pasado mes de junio 286 casos y 29 fallecimientos.

En España, que registró la primera transmisión a humanos de la enfermedad en 2004 y donde el virus circula en aves en zonas húmedas de la mitad sur, no se han notificado casos humanos este año. La fiebre del Nilo está causada por un virus transmitido por mosquitos, por lo que la temporada de incidencia suele extenderse desde el mes de marzo hasta noviembre.

Estas cifras multiplican ya a estas alturas de 2018 los registros de los años anteriores completos, en los que en la UE nunca se habían superado los 273 casos del año 2013 y los 27 fallecidos de 2016. La fiebre del Nilo es de las denominadas “enfermedades emergentes, que desde zonas tropicales se están expandiendo a áreas templadas de Europa y América”, explica Fernando de la Calle, miembro del equipo de Medicina Tropical y del Viajero del Hospital de La Paz-Carlos III (Madrid).

En realidad, el número de personas infectadas es mucho mayor ya que “en cuatro de cada cinco personas el virus cursa de forma asintomática o muy leve, por lo que quienes la sufren no llegan ni a acudir al médico”, añade De la Calle. En el resto, la infección provoca fiebre tras una incubación de tres a 14 días y, en los casos más severos, episodios de encefalitis y meningitis. También puede causar parálisis facial. “En estos pacientes, normalmente niños o personas mayores con otras dolencias de base, la mortalidad alcanza a el 10%”, sigue el facultativo. Contra la fiebre del Nilo no existe vacuna ni tratamiento específico y los cuidados se centran en atender las complicaciones que puede causar en los pacientes.

El actual brote europeo de la fiebre del Nilo arrancó en la primera semana de julio, cuando los primeros enfermos fueron diagnosticados en Serbia. Una semana más tarde, Italia (en el valle del Poo) y Grecia (en el norte) notificaron los primeros casos. Posteriormente, y a gran velocidad, la enfermedad se ha ido extendiendo por Rumania, Hungria, Croacia, Eslovenia, Austria y Bulgaria. Hace dos semanas se notificaron los primeros casos en la Provenza francesa.

El ECDC ha abierto una investigación para conocer las causas de la gran dimensión del brote, aunque apunta a las causas climáticas como las responsables de que este empezara este año antes y destaca que haya afectado a muchas zonas en las que no se habían registrado casos en los años anteriores. “En estos momentos, aún no tenemos una explicación sólida sobre este súbito aumento”, admite Jan Semenza, jefe del área científica de este organismo dependiente de la UE.

Semenza afirma que “las lluvias este mes de marzo han sido mayores que en años anteriores en las zonas afectadas, lo que vino seguido de temperaturas también más altas en el mes de mayo”. Estas condiciones, añade, favorecen la proliferación de los mosquitos, el vector de transmisión de la enfermedad. “Sin embargo, deberemos llevar a cabo nuevos estudios ambientales y microbiológicos para entender mejor este fenómeno”, concluye.

Miguel Ángel Jiménez Clavero, científico del Instituto Nacional de Investigación y Teconología Agraria y Alimentaria, explica que el virus de la Fiebre del Nilo fue aislado por primera vez en España “en una población de fochas en Doñana en 2004″. Ese mismo año, “fue diagnosticado el primer caso en humanos en una persona que había pasado las vacaciones en Valverde de Leganés (Badajoz)”.  También ese verano, un ciudadano francés enfermó tras pasar las vacaciones en Doñana, “aunque vivía en la Camarga francesa, una zona donde también circulaba el virus”, aclara Jiménez Clavero, que alberga “dudas sobre dónde pudo realmente contraer la enfermedad”.

Para este científico, “más que el virus, que ya está presente en muchas zonas, lo que se están extendiendo son las condiciones climáticas que favorecen su circulación y la proliferación de los mosquitos que lo transmiten”. La especie Culex pipiens es el principal vector, aunque no el único, de la fiebre del Nilo. En España, el virus de la fiebre del Nilo ha sido detectado en zonas húmedas de Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y el sur de Castillla y León.

Para Jiménez Clavero, las razones que explican que en España no haya habido casos humanos pese a la presencia del virus son “los procesos, muy dinámicos y complejos, en los que el virus interacciona con las aves y los mosquitos, desde luego puede saltar a los humanos y caballos”. “Hemos observado que en cada zona el virus tiende a proliferar entre unas aves mucho más que en otras. Si esas aves son comunes en zonas habitadas, el salto al hombre será muy fácil. Pero si su hábitat está en zonas más salvajes y deshabitadas, el virus puede circular en esas zonas sin salir de ellas”, añade.

En las comunidades autónomas en las que el virus está presente, como Andalucía, las medidas de control son constantes. Un portavoz de la Junta explica que “existe un sistema de notificación establecido con Agricultura que alerta cuando se registra un caso en caballos, tras lo que se establece en un radio de 12 kilómetros un sistema de vigilancia activa en los centros de salud para detectar posibles encefalopatías inespecíficas”. Si los casos son en humanos, la alerta se extiende “a los centros de transfusión de sangre, que realizan pruebas específicas a los habitantes de esas zonas para descartar la presencia del virus o se les conmina a no donar durante un periodo de tiempo”. Esta fuente añade que, “afortunadamente, este año no hemos registrado casos ni en caballos ni en seres humanos”.

El País

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