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Morales eleva su pulso con la ONU y acusa a la misión contra la impunidad de causar más división que la guerra

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El presidente guatemalteco Jimmy Morales dio este martes un paso más en su enfrentamiento con Naciones Unidas y su Secretario General, Antonio Guterres, al que acusó de “pasividad” e “indiferencia” contra los supuestos abusos cometidos por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y su comisionado, Iván Velasquez.

Morales rompió el tradicional tedio diplomático de la jornada inaugural de la Asamblea y durante media hora atacó con dureza a la CICIG, a la que acusó de ser “una amenaza para la paz en Guatemala”.

Según Morales, la CICIG, que lo investiga por financiación ilegal de su campaña y ha pedido la retirada del fuero para proceder contra él, violó la soberanía y el debido proceso en multitud de ocasiones. El presidente del país centroamericano hizo un repaso de supuestos abusos y denunció que la CICIG “ha violado los derechos de decenas de personas y ha abusado de la fuerza y la prisión preventiva”, una excepción que la CICIG “ha convertido en regla”. “Frente a la ley guatemalteca que contempla tres meses en los casos de CICIG esta se ha extendido más de tres años”, protestó.

Sin embargo, los misiles más duros estuvieron dirigido contra el fiscal colombiano Iván Velásquez, nombrado en 2013, y a quien el Gobierno de Morales ha prohibido la entrada en el país. “Sus abusos ha creado inestabilidad que amenazan la paz y la seguridad nacional”, insistió. “La CICIG ha montado un sistema de terror para quien piensa diferente y que acusa, señala y coacciona a los jueces”, dijo en el salón plenario. Según Morales, la comisión contra la impunidad, creada hace 12 años de forma conjunta entre Guatemala y Naciones Unidas, “se perdió entre la burocracia y el culto a la persona” y denuncio que “ni durante el conflicto armado había existido esta polarización (…) que ha sido aprovechada por grupos extremistas” clamó.

La intervención de Jimmy Morales fue la de un presidente acorralado por los indicios de delito que rodean su campaña y humillado desde que su hermano y su hijo fueron encarcelados por fraude fiscal. Desde que en agosto el mandatario guatemalteco anunció que no volvería a renovar el mandato de la comisión anticorrupción, puso en marcha lo que algunos han llamado un golpe de Estado en cámara lenta que vivió un nuevo capítulo esta semana cuando decidió desobedecer la orden de la Corte Constitucional que le obliga a permitir el regreso al país de Velásquez para continuar con su trabajo.

Pocas veces como este martes los guatemaltecos habían estado tan pendientes del tradicionalmente anodino discurso anual de su presidente ante la Asamblea. Aunque el salón plenario estaba casi vacío para escuchar al mandatario, muchos ciudadanos del país latinoamericano siguieron por televisión la intervención de 27 minutos del mandatario. El enfrentamiento de Morales con Naciones Unidas y el futuro de la CICIG estaban sobre la mesa y, por extensión, el intento más serio realizado hasta ahora en el país por combatir la corrupción y las mafias que saquean las instituciones.

En los últimos cinco años de trabajo de la CICIG, más de sesenta grupos criminales —muchos de ellos con vínculos con el gobierno— han sido desarticulados y 680 personas han sido procesadas por corrupción y delitos relacionados. En 2015, el entonces presidente Otto Pérez Molina fue llevado a prisión, al igual que su vicepresidenta, Roxana Baldetti Elías, por encabezar una red de corrupción con las aduanas.

Las últimas encuestas revelan que un 70% de los guatemaltecos aprueban el trabajo de la CICIG y su permanencia en el país frente al 15% que respalda a Morales que roza su momento más bajo de popularidad desde que llegó al poder hace más de dos años.

Paralelamente la intervención de Morales y la profunda crisis política en Guatemala dejó dos imágenes simultáneas. Esperando su llegada a Nueva York había un grupo de guatemaltecos frente al edificio de Naciones Unidas que repudiaron su visita y protestaron por lo que calificaron a gritos de un golpe de Estado. Casi a la misma hora, en Ciudad de Guatemala un grupo de campesinos llegó hasta las puertas de la CICIG para protestar contra el organismo. Poco después se supo que habían sido engañados bajo la falsa promesa de que recibirían un trabajo. A través de la red social Twitter Velásquez llamó “miserables” a quienes manipulan a los más pobres para este fin. Faltaban solo unas horas para que Morales cargara contra él frente al mundo.

El País

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