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Tres historiadores analizan a México en la era de Donald Trump

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La presidencia de Donald Trump abre una nueva etapa en las complejas relaciones entre México y Estados Unidos. ¿Qué herramientas nos da la historia para hacer frente a lo que se avecinan como tiempos difíciles? Tres experimentados historiadores, Jean Meyer, Erika Pani y Alan Knight, hablan para Aristegui Noticias y analizan desde su disciplina, las implicaciones que supone para nuestro país, el relevo en la Casa Blanca.

Jean Meyer.

No diría como los griegos o mexicas, que la historia es cíclica, pero algo hay de eso. No es cíclica pero sí como las olas del mar, hay subidas pero inevitables bajadas. Hoy entramos en un momento borrascoso, espero no dure demasiado tiempo. No creo que Trump logre la reelección, incluso algunos dicen que no terminará, por otro lado, es verdad que casi nadie pensó que ganaría. Espero que la ola suba después. Serán cuatro años difíciles para México y el resto del mundo. Incluso para México podrían no ser tan duros, siempre y cuando nuestro gobierno sea capaz de aliarse con Canadá, América Latina, China o Europa. Necesitamos que dejen de estar hipnotizados con Estados Unidos.

La historia de México y Estados Unidos está llena de episodios así. Olvidémonos de la guerra del 46 y la pérdida de Texas; Estados Unidos tiene más responsabilidad en la caída de don Porfirio que Madero: lo tumbaron no por justicia social, sino porque el dictador les había negado base naval en Pichilingue y en Baja California; ya venía también el problema del petróleo. Don Porfirio buscaba equilibrio con Europa y Japón, y los norteamericanos no se lo perdonaron. Después, Madero los molestó y el embajador Wilson casi organiza un golpe de Estado contra él, incluso le podrían haber salvado la vida, pero no lo hicieron. En 1914 invadieron Veracruz, pero como cae Huerta se nos olvida. Intervienen en la revolución y optan por Carranza, haciendo enojar a Villa. Cuando Obregón llega a la presidencia tardan tres años en darle el reconocimiento para torcerle el brazo, algunos historiadores dicen que lo consiguieron con los Acuerdos de Bucareli. Con Calles estuvieron muy cerca del desembarcar marines en Veracruz, debido a que el gobierno mexicano pretendía grabar los barriles exportados, además Calles apoyaba a Sandino en Nicaragüa. La tención fue tal que Calles le dio la orden a Cárdenas, joven general en la Huasteca, que si desembarcaban los marines incendiara los pozos. No fue necesario porque hubo un cambio en la política exterior norteamericana. Cárdenas tuvo suerte con la nacionalización del petróleo porque Roosevelt no apoyó a las petroleras. Es decir, la historia demuestra que acostarse como el perro que no quiere recibir patadas no sirve. Calles y Cárdenas se pusieron firmes y consiguieron cosas.

Puedo entender la jugada del presidente. Es verdad que Videgaray y el yerno de Trump son amigos desde hace mucho, pero de ahí a convencerlo de que cambie su política hacia México, no. Con Trump hay que ponerse firme, no grosero, ni agresivo. Encerrarnos en el juego con Estados Unidos, nos llevará a la perdición.

Erika Pani

Creo que parte del problema con la llegada de Donald Trump a la presidencia es que no queda muy claro cómo va a gobernar: ¿se negociará un paquete de leyes para derogar el Obamacare, bajar impuestos, endurecer la legislación migratoria, mandar construir el muro y establecer un nuevo régimen arancelario –en un legislativo dominado por los republicanos? Las cosas no se moverán rápido. ¿Hará declaraciones escandalosas que sacudan el mercado cambiario, la Bolsa de valores, etc.? ¿Hay un plan de gobierno con prioridades y tiempos establecidos, o se define según el enojo del día? Porque si va a mangonear transnacionales y celebrar que les “ganó” porque se queda una fábrica en Indiana o Michigan, se traducirá –independientemente de los mecanismos viciosos de subsidio y chantaje a los que se presta– en ajustes relativamente menores, acompañados de declaraciones, rasgadura de vestiduras, invitaciones al boicot, etc. más que una transformación profunda de las estrategias del capital transnacional, y de la relación económica que anuncia la retórica… En ese sentido, roto el lenguaje compartido que ha estructurado la relación desde hace un par de décadas –el de la “asociación” comercial y los beneficios del libre comercio, la preocupación compartida por la seguridad, la “guerra contra las drogas”–, habrá que inventar otro, que no sé si tendrá dos niveles distintos (tuits furibundos/ pláticas serias), y ojalá nos saqué de estas declamaciones histéricas y superficiales

No sé si ha habido etapas similares en la relación entre México y Estados Unidos, lo que sí sé, es viene una etapa difícil e incierta. México fue, durante la campaña, blanco favorito de su ira… Y habrá que ver qué tono decide darle a la relación; el Washington Post bromeaba que el puesto del embajador en México (que tendría que informarnos cómo vamos a pagar el muro) iba ser el más difícil de llenar de la administración. La relación binacional está, en muchos sentidos, institucionalizada a tal grado que seguirá los mismos patrones, a menos de que el marco cambie significativamente. Se renegociará el TLC… a ver qué propone… y el asunto de las deportaciones es muy preocupante.

Por otro lado, históricamente nos ha ido peor, dado que nos invadieron dos veces, la primera para quedarse con la mitad del territorio… Aunque el presente me remite a la fuerte campaña anti México de los treinta, de la que es buen ejemplo el senador Albert Fall, y la retórica de los petroleras… pero, eventualmente, la política del buen vecino y sobre todo las exigencias de la Segunda Guerra Mundial hicieron que no se les diera bola. Creo que eso es quizá la lección más importante: a pesar del enorme desequilibrio de fuerzas y de lo que cada nación representa en la agenda de la política exterior de la otra, no pueden mudarse porque el vecino les cae gordo… se ha podido administrar esta vecindad, a pesar de los problemas y tensiones. Espero que estos influyan en serenar ánimos y enmarcar la discusión en términos razonables.

Alan Knight

México, igual que todo el mundo, creo no sabe muy bien lo que sucederá, ya que Trump es un desconocido casi sin precedente en la historia de los Estados Unidos. Sus declaraciones son muchas, pero también contradictorias. Para México las apuestas están especialmente altas, tomando en cuenta la retórica antimexicana de Trump –la propuesta estúpida, ofensiva e inalcanzable, de construir un muro (pagado por México); y mucho más serio, la amenaza para el TLC, el comercio y la inversión en México-. Hay quienes dicen que Trump será moderado o restringido por sus ‘expertos’ o asesores. ¡Ojalá que así resulte!

En términos estrictos, no encuentro un periodo anterior comparable al actual, pues como ya dije, Trump representa una novedad. También, supone el primer gran reto para el TLC y el proceso de integración de la económica norteamericana, proceso que, no obstante, sus muchas imperfecciones, ha beneficiado a México –a mi modo de ver-, igual que a los Estados Unidos. De hecho, un argumento clave para el TLC era que representaría un candado, para frenar políticas unilaterales por parte de los Estados Unidos. Vamos a ver si el argumento sobrevivirá a estas nuevas circunstancias.

Aristegui Noticias

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