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Trump se revuelve contra el fiscal general tras la confesión del abogado Michael Cohen

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Donald Trump volvió a atacar este jueves, en plenas turbulencias por su posible implicación en un delito de financiación ilegal de campaña, al fiscal general, Jeff Sessions. El presidente de EE UU no perdona que Sessions se recusara en la investigación de la trama rusa, lo que dio lugar a que el fiscal especial Robert Mueller asumiese el proceso y lanzase un macroproceso que afecta a varias personas de su círculo. Entre ellas figura Michael Cohen, exabogado de Trump, que ha incriminado al mandatario a Trump. Sessions replicó que no se dejará presionar.

El delito de financiación ilícita de la campaña confesado por Cohen se basa en el pago que el abogado hizo a dos mujeres, la exactriz de cine porno Stormy Daniels y la exmodelo de Playboy Karen McDougal, en los meses previos a las elecciones con el fin de que no hablaran de unas supuestas relaciones sexuales mantenidas con el magnate entre 2006 y 2007. Cohen dice que lo hizo por orden de Trump y, como el objetivo era proteger la imagen del entonces candidato republicano, se considera una contribución ilegal de la campaña. Aunque el caso no tiene que ver con la trama rusa en sí -la injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales y la posible connivencia del entorno de Trump-, el caso surge de la investigación de Mueller. Y eso ha crispado a Trump.

“Puse a un fiscal general que nunca tomó control del Departamento de Justicia, lo que parece una cosa increíble”, dijo Trump este jueves en una entrevista en Fox&Friends, uno de sus programas favoritos en la cadena conservadora Fox. “Tomó el trabajo y luego dijo: ‘Me voy a recursar a mí mismo’. ¿Qué clase de hombre hace esto?”, se preguntó el mandatario. Poco después, Sessions emitió un comunicado para defenderse de dichos ataques. “Mientras yo sea fiscal general, las acciones del Departamento de Justicia no se verán influidas de forma inapropiada por consideraciones políticas”, resaltó. “Tomé el control del Departamento de Justicia el día uno en el que juré el cargo”, insistió el fiscal general.

Sessions decidió inhibirse de la investigación de la trama rusa en marzo de 2017. Tomó la medida después de que saliese a la luz que en plena campaña se había visto con el embajador ruso Sergei Kislyak y no había informado de estos encuentros al Senado. La trama rusa pasó entonces a manos de Rod Rosestein, número dos del departamento de Justicia. Y este decidió encargar la investigación al fiscal Mueller en mayo de ese año para reforzar la independiencia del proceso, después de que Donald Trump despidiese al director del FBI, James Comey.

Desde entonces, Trump ha atacado con dureza a Sessions, pues lo ve como responsable original de unas pesquisas que tacha de “caza de brujas”. Este martes, la investigación le deparó dos golpes políticos muy severos pese a que los delitos hallados no están relacionados con la injerencia rusa en sí. Cohen se declaró culpable de varios cargos, entre ellos dos de financiación ilegal de campaña por el pago a las dos citadas mujeres. Y el mismo día, el exjefe de campaña de Trump, Paul Manafort, fue declarado culpable de ocho delitos de fraude.

Los hallazgos han dado munición al fiscal general para reforzar que las pesquisas de la trama rusa están lejos de ser una caza de brujas. Los democratas, por su parte, esperan sacar rédito electoral, pero no contemplan el asunto como una oportunidad para impulsar un proceso de destitución o impeachment (en la práctica, la única manera de acabar procesando a un presidente de EE UU).

“No es una prioridad en la agenda ir a por ello salvo que salga algo más”, declaró el miércoles a Associated Press la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. En una carta a los delegados (caucus), la congresista por California insistía ese mismo día en la dicha línea, llamándoles a centrar su discurso en el ataque al Gobierno en conjunto, describiéndolo como una “cloaca de enriquecimiento, dinero secreto y ceguera ética” y acusando a los republicanos de mirar a otro lado respecto a la corrupción del núcleo más cercano al presidente. También Richard Durbin, número dos demócrata en el Senado, advirtió de que era “demasiado pronto” para hablar de impeachment, un proceso muy complejo, sin ningún precedente exitoso y que agarra a los demócratas en minoría en las cámaras.

Trump alega que no ordenó el arreglo ni supo de él hasta ya cerrado, aunque asegura que el dinero era suyo, con lo que defiende su inocencia ante cualquier delito. Este jueves, en la Fox, advertía además de que destituirle supondría un descalabro para la estabilidad económica. “Si me destituyeran los mercados se hundirían. Creo que todo el mundo sería más pobre”, recalcó.

El País

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