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Bolsonaro intenta salvar el PIB de 2019 estimulando el consumo en Brasil

El presidente Jair Bolsonaro intenta dar un empujón al pobre PIB de 2019 en Brasil, tras un trienio de recesión (2014-2016) seguido de dos años más de crecimiento exiguo. Para ello, el Gobierno brasileño ha aflojado las reglas para las retiradas de los fondos de reserva a las que los trabajadores tienen derecho y estima que, con la inyección de 42.000 millones de reales (cerca de 10.000 millones de euros) en la actividad económica de aquí a 2020, la economía crecerá un 0,35% más en 12 meses. Se trata de una ayuda para la proyección oficial de expansión de la economía en este año, que es de solo un 0,81%, según el Gobierno y el FMI (Fondo Monetario Internacional). Los economistas del mercado, no obstante, hacen previsiones aún más modestas para el impacto de la medida de fomento al consumo, especialmente debido al alto porcentaje de familias brasileñas endeudadas (un 64% del total).

Las retiradas del Fondo de Garantía de los trabajadores (FGTS, por sus siglas en portugués) —que se financia mediante los pagos obligatorios que realizan las empresas para cada trabajador— en condiciones normales, tienen unas reglas de uso restringido. Ahora, con los cambios, estos reintegros podrán realizarse desde septiembre del presente año, y tendrán un límite máximo de 500 reales (119 euros). El Gobierno también ha creado una nueva regla para una retirada anual del fondo, que variará dependiendo del saldo de cada uno. Las pautas, finalmente, se anunciaron el miércoles, tras varias semanas de especulaciones, con la presencia de Bolsonaro y del ministro de Economía, el liberal Paulo Guedes. En un rápido discurso leído durante la ceremonia, Bolsonaro dijo que las nuevas reglas devolvían a los trabajadores el derecho de sacar su propio dinero. “Hoy sabemos que hay 63 millones de brasileños con deudas atrasadas”, dijo. “No se trata de una propuesta de Gobierno, sino de Estado”.

Por su parte, el ministro Guedes reiteró en dos ocasiones que los cambios presentados no son “pan para hoy, hambre para mañana” para la economía. El ministro también rebatió las críticas que circulan de que el Gobierno, ante una economía que no da señales de mejora, habría elaborado apresuradamente las nuevas reglas. “Hay un gran equipo trabajando en este proyecto desde hace seis meses, no es algo de última hora”.

El Gobierno tiene pocas cartas en la manga para tratar de espolear la economía. No tiene caja para invertir y todavía espera la aprobación en el Parlamento de la reforma de las pensiones para que las cuentas públicas, a medio plazo, tomen aire, de ahí que se vuelva a recurrir a un truco de estímulo al consumo mediante un fondo de los trabajadores, al igual que hizo su antecesor, Michel Temer. Según cálculos del Ministerio de Economía, 96 millones de trabajadores se verán beneficiados con estas flexibilizaciones, una cifra que cuadruplica la registrada hace dos años, cuando Temer autorizó la retirada del FGTS, pero solo de las cuentas inactivas (las vinculadas con empleos anteriores, no con los de los presentes).

Aparte de la estimación de que este cambio le aporte 0,35 puntos porcentuales a la tasa de crecimiento del PIB en un año, la cartera ha realizado previsiones todavía más optimistas para dicha medida a medio plazo. Según el ministerio, en diez años, las medidas contribuirán a generar 3 millones de empleos y a aumentar 2,5 puntos porcentuales el PIB per cápita durante el periodo.

Para los analistas consultados por EL PAÍS, el anuncio es positivo, pero tendrá un efecto menor del esperado por el Gobierno en gran parte por el alto nivel de endeudamiento, que afecta a un 64% de las familias, lo que debe limitar los efectos del esperado consumo. Según Carla Argenta, economista de Mapfre Investimentos, la nueva política provocará ”un impulso” de la economía en vez de un “arranque”, y sumarse así a las expectativas frustradas del primer semestre, sin ningún impacto expresivo sobre el PIB de 2019. “Este cambio no tiene la capacidad de influir en la economía; la cantidad que se puede sacar es baja, será un consumo marginal y no tendrá el poder de aumentar la producción”, explica Argenta.

El economista André Perfeito, de la sociedad de valores Necton, coincide en que el impacto de las nuevas reglas será más modesto de lo que el Gobierno planificó, y apuesta en un aumento de 0,1 puntos porcentuales del PIB gracias a la medida. Perfeito considera que la cuenta optimista del equipo económico prevé que todos los trabajadores destinarán ese dinero al consumo. “Pero puede ser que parte de ese dinero sea pagar deudas, y mucha gente incluso puede que ni se moleste en sacarlo. El presidente de la Caixa Econômica Federal, banco que centraliza el FGTS, dijo que hay personas que tienen un saldo de tan solo cinco reales [poco más de un euro]. En la época de Temer, aunque haya sido diferente, el impulso [de la medida] fue corto”, dice.

Tras el anuncio del equipo económico, la Confederación Brasileña de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo (CNC) consideró que la medida tendrá efectos positivos. “Estimamos un impacto directo de al menos 7.400 millones de reales [cerca de 1.756 millones de euros] en el comercio al por menor durante el segundo semestre de 2019 con los recursos extra obtenidos”, afirmó el presidente de la CNC, José Roberto Tadros. La confederación pondera, con todo, que el impacto durante este año será inferior al de 2017 tras la mencionada concesión realizada por Temer.

El País

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