Cochinero 2.0

Denise Dresser

Un año desde la elección de Andrés Manuel López Obrador. Doce meses de una sacudida obligada pero con efectos cuestionables. El Presidente celebrará cuantos recursos ha entregado, cuantos programas ha inaugurado, a cuantas personas ha beneficiado. Hablará de la corrupción que está combatiendo, los privilegios que está desmantelando, la austeridad republicana que inauguró. Algunos le creerán, otros no. Pero es probable que lo más trascendental de los últimos tiempos no esté en el centro de la atención. El “cambio de régimen” que impulsa el Presidente está basado en la violación sistemática a la ley. Está construido sobre el desdén cotidiano a la normatividad. López Obrador considera el andamiaje legal como un estorbo, una exigencia conservadora, un remanente de gobiernos corruptos que lo manipulaban a su antojo. Dirá que el Estado de Derecho estaba chueco, y por lo tanto se vale ignorar sus imperativos. Argumentará que quienes le piden obedecer la ley son los primeros que han avalado torcerla en el pasado. Y tendrá razón. En México la ley ha sido utilizada para proteger a los poderosos y empalar a los débiles; ha sido manipulada con fines políticos y desenvainada con objetivos partidistas. Pero AMLO fue llegó al poder declarando “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”.

Cuando lo más distintivo del último año ha sido presenciar al Presidente actuar fuera de la ley. Lo más perturbador ha sido ver a un gobierno que actúa como si la Constitución fuera estiércol. Y nos dicen que todo ello es necesario, inevitable, hasta deseable. Que nos callemos porque hay hombres y mujeres progresistas trabajando, limpiando afanosamente el cochinero que les dejaron. El problema es que las pocilgas no se limpian echándoles más mugre. La ilegalidad no se combate con más ilegalidad. La discrecionalidad no se arregla con más discrecionalidad. Los datos amañados del pasado no se componen con los “otros datos” del presente. La institucionalidad fallida no se repara acabando con ella.

Como lo ha documentado Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad en un reporte reciente, AMLO y su equipo se están convirtiendo en los artífices de un gobierno cuyo sello peculiar es la “dudosa legalidad”; cuyo proceder está marcado por acciones ilegales u ordenamientos a modo. Todo ello justificado con el argumento del cambio exigido, la transformación requerida, la concentración del poder imprescindible. Todo ello recreando un sistema político donde las decisiones quedan en manos de un solo hombre, que las toma de manera cada vez más discrecional. Quiere una refinería, pues a construirla aunque no sea necesaria. Quiere un aeropuerto, pues a edificarlo aunque no cuente con estudios aeronáuticos. Quiere acabar con las estancias infantiles, pues que los niños sean cuidados por sus abuelos. Quiere una Guardia Nacional militarizada, pues a armarla así aunque eso no haya sido lo aprobado por el Congreso.

Por eso, al término del primer año de AMLO, hay 11 controversias constitucionales, 7 acciones de inconstitucionalidad y miles de amparos presentados ante el Poder Judicial. Y no es cierto que todos hayan sido iniciados por quienes no quieren perder sus privilegios o están en contra de transformaciones urgentes para favorecer a los desposeídos. Crece la preocupación -dentro y fuera de México- sobre un Presidente que constantemente extralimita sus facultades, reparte recursos de manera opaca y amenaza la división de poderes, vía memorándums discrecionales, delegados estatales de Morena, vetos particulares a ciertas empresas, el levantamiento del Censo del Bienestar, las consultas populares sin mecanismos que garanticen la imparcialidad del proceso, leyes a modo como la Ley Taibo, la exhibición de presuntos culpables de corrupción en las conferencias mañaneras, la puesta en marcha de la Guardia Nacional militarizada, contraviniendo la reforma que dio lugar a su existencia, el debilitamiento de la laicidad del Estado, y el manejo de programas sociales sin reglas de operación. Habrá quienes justifiquen el rompimiento rutinario de las reglas por la prisa presidencial, por la urgencia de transformar y no nada más reformar, por la magnitud del reto y el tamaño de las resistencias. Pero al avalarlo contribuyen a la creación de un nuevo cochinero y ya no será heredado. Será el mismo país sin leyes y totalmente Andrés Manuel.

El Siglo de Durango