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Cuenta atrás para evitar el fin del gran juez del comercio mundial

Ya lo advirtió la comisaria europea de Comercio. “Estados Unidos intenta matar a la OMC desde dentro”, decía Cecilia Malmström en octubre de 2017. No han pasado ni dos años, y la amenaza parece hoy más real que nunca.

El próximo 10 de diciembre vence el mandato de dos jueces del Órgano de Apelación, el más importante de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si nadie lo evita —y no parece que nadie pueda hacerlo— el bloqueo estadounidense para nombrar sustitutos culminará entonces, dejando inoperativo el tribunal responsable de dirimir los conflictos comerciales de 164 países. Así, la Administración de Donald Trump habrá logrado su objetivo de boicotear este organismo nacido en 1995. Las fuentes consultadas temen que este sea el principio del fin de un orden multilateral en el comercio internacional. Y que sea sustituido por un sistema de negociación entre países, en los que los dos grandes bloques, EE UU y China, impondrían a los demás sus condiciones.

“Cuando no hay normas impera la ley del más fuerte, que es lo que pretende EE UU. La UE, que por ser uno de los grandes bloques comerciales del mundo tiene poder negociador, intenta salvar el sistema no solo para defenderse a sí misma. Los que más problemas tendrían en este nuevo escenario serían los países en vías de desarrollo”, asegura José Luis Káiser, director de Política Comercial en la Secretaría de Estado de Comercio.

La Unión Europea lleva meses tratando de impulsar una reforma que, además de satisfacer a los estadounidenses, logre adaptar la OMC, el organismo que sustituyó al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio) a la era digital. Habría que hacerlo más ágil en asuntos como la propiedad intelectual, los derechos de protección de inversión o el comercio electrónico. “La OMC claramente no estaba diseñada para acoger a economías planificadas como la china, con un fuerte peso del Estado en la producción”, admite desde Hong Kong Alicia García Herrero, economista jefa de Natixis para Asia-Pacífico.

“Ha llegado a haber 11 propuestas de reforma, pero a EE UU no le convence ninguna. Sabemos qué no gusta en Washington de la actual OMC. Pero no dicen claramente qué quieren para levantar el bloqueo. Mientras el resto de miembros plantea alternativas, EE UU solo dice no, sin plantear nada a cambio”, aseguran fuentes conocedoras de las negociaciones. “La situación actual es muy decepcionante. Es muy pronto para saber si nuestro intento de reformar el organismo tendrá éxito, pero nos tenemos que preparar para una situación en la que el Órgano de Apelación deje de funcionar”, añaden en la Comisión Europea.

Ante las dificultades para poner de acuerdo en una reforma a los 164 países miembros, Bruselas trata de impulsar, como informó EL PAÍS, una especie de OMC paralela en la que no participe Estados Unidos y en la que se diriman las diferencias comerciales. Esta nueva vía de arbitraje, a la que países como Japón, India, Rusia o Suráfrica ya han mostrado su apoyo, sería un mecanismo temporal a la espera de que la OMC auténtica volviera a estar operativa. “Ya existe una masa crítica que apoya este sistema paralelo. Muchos países tienen preocupaciones por cómo funciona la OMC, pero no hasta el punto de bloquearlo. En ese organismo, los socios más pequeños plantean casos en igualdad de condiciones. Es la única manera de protegerse de las arbitrariedades de los grandes”, añaden fuentes comerciales.

El intento de crear un sistema paralelo no significa que la UE haya renunciado a la reforma de la OMC. “Pero no podemos garantizar el éxito de la reforma. Así que hemos iniciado vías para proteger nuestros intereses legales en casos en disputa”, concluyen fuentes europeas.

Pero la duda es si esa recuperación de la OMC va a llegar en algún momento: si la crisis del organismo que encabeza el brasileño Roberto Azevedo atraviesa tan solo un bache o camina de forma inexorable hacia la irrelevancia. Esta última opción es la que se teme García Herrero, que ve en la OMC “un Titanic al que se agarran los europeos”. El declive de este organismo, asegura, afectará negativamente al comercio internacional, “puesto que no habrá la posibilidad de un arbitraje bajo un paraguas común”.

Los problemas de la OMC no son nuevos. Las anteriores Administraciones de EE UU ya habían criticado duramente al Órgano de Apelación por considerar que se excedía en su mandato y que dictaminaba en demasiadas ocasiones contra los intereses norteamericanos. Pero no ha sido hasta la llegada de Donald Trump cuando la Casa Blanca ha amenazado con ignorar las sentencias, que, frente a lo que ocurría en la época del GATT, son de obligado cumplimiento para los 164 países miembros. Washington, por el contrario, considera que la OMC se sobrepasa en sus funciones e invade su soberanía nacional.

“Va a ser muy difícil lograr una reforma, pero a la UE no le queda otra opción que intentarlo y esperar que EE UU y China comprendan que en una guerra comercial pierden todos. Mientras, Bruselas también ha de buscar un plan b, que sería la búsqueda de acuerdos bilaterales si el mundo se parte en dos bloques”, analiza Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano.

Una buena ocasión para ponderar la pérdida de peso de la OMC será la reunión del G20 de esta semana en Osaka (Japón). El comercio mundial estará atento si en el comunicado final EE UU da alguna señal de desbloqueo de la OMC. Pero las fuentes consultadas lo consideran poco probable. “Lamentablemente, parece que el organismo va a ser cada vez más irrelevante. China podría asustarse al ver que su economía se desacelera o EE UU podría cambiar de política, sobre todo si Trump no es reelegido. No está todo perdido. Pero si no se toman medidas ya para corregir el rumbo, será muy difícil”, concluye Steinberg.

El País

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