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El Brexit duro de Johnson provoca una fuerte caída de la libra esterlina

La apuesta del primer ministro Boris Johnson por un Brexit definitivo a finales de octubre con o sin acuerdo está provocando graves turbulencias en los mercados para la divisa británica. La libra sufrió ayer un significativo retroceso, que eleva a cuatro puntos su caída con respecto al dólar desde junio —2,4 puntos solo desde que Johnson asumió el cargo—, el mayor desplome mensual desde octubre de 2016. En términos absolutos, la moneda se sitúa en 1,21 unidades frente al dólar y toca su cota más baja frente al euro desde 2017, hasta las 1,09 unidades, con una caída de 2,5 puntos en dos sesiones.

La imparable cotización a la baja de la libra esterlina desde que Boris Johnson asumiera las riendas del Gobierno británico, hace apenas una semana, ha confrontado al nuevo primer ministro con unas cuantas dosis de realidad. El discurso intransigente del líder tory respecto al desengarce europeo del Reino Unido, advirtiendo que lo llevará a cabo “sí o sí” el 31 de octubre y siempre bajo los términos de Londres, se ha topado con la reacción adversa de unos mercados que persisten en negarle el aval de una gestión razonable del Brexit. La sacudida vinculada al Brexit duro también golpeó a los bonos de la deuda irlandesa, hasta su peor registro de los últimos dos meses con respecto al bono alemán.

La moneda nacional encajó el martes otra caída contundente, en una dinámica de acelerado deterioro ante la nueva realidad política británica. Los analistas advierten que la tendencia solo puede ir a peor. “Si Johnson apuesta por un Brexit duro, lo más probable es que haya un voto de confianza en el Parlamento y que tras ello haya elecciones anticipadas”, defendían los analistas de ING en una nota.

Los últimos datos pillaron a Johnson en medio de una gira por todo el país que este martes le llevó a recalar en Gales —tras su complicada visita escocesa de la víspera, donde tomó el pulso a las crecientes ansias independentistas— para vender las ventajas de un Brexit duro. Las tensiones territoriales son otro factor trascendental en los primeros compases del Gobierno británico.

Antes de entrevistarse in situ con el primer ministro galés, el laborista Mark Drakeford, el jefe del Gobierno británico mantuvo un contacto telefónico con su homologo de la República de Irlanda, Leo Varadkar, su todavía socio en el seno de la Unión Europea. Una llamada que, a tenor del juicio de cualquier observador político, debería haberse producido a los pocos minutos de que Boris (como se le conoce popularmente) se convirtiese en el nuevo inquilino de Downing Street. Desde el inicio de su mandato, Johnson ha venido despreciando especialmente la cuestión irlandesa, a pesar de que condiciona cualquier acuerdo con la Unión Europea.

Descrito como “cálido” en el tono por la parte británica, pero de enfrentamiento entre dos visiones que no consiguen llegar a una entente, según los irlandeses, la conversación entre ambos líderes no consiguió ningún avance, ni siquiera añadir algún matiz.

La salvaguarda irlandesa pactada en el acuerdo de retirada sellada por los Veintisiete con el Gobierno de Theresa May —conocida como backstop, que pasa por evitar una frontera dura en la isla—, sigue siendo la línea roja que Johnson se ha trazado en su camino hacia el desengarce del Reino Unido de Europa.

Oposición en Dublín
El Gobierno irlandés trasladó a Johnson su firme oposición a que se retire el backstop y en general a una renegociación del tratado de salida sobre los términos pactados. Varadkar incidió ante su homólogo en que la posición de los Veintisiete al respecto es de total unidad.

Por su parte, el nuevo líder británico manifestó el total compromiso de su Gobierno con los Acuerdos del Viernes Santo de 1998, que cerraron una larga etapa conflictiva en Irlanda del Norte, donde Johnson tiene prevista una visita oficial hoy.

La depreciación de la libra esterlina en los mercados responde, según los analistas, precisamente a las perspectivas de inestabilidad vinculadas a un Brexit sin acuerdo y el riesgo a una convocatoria de elecciones anticipadas.

Las turbulencias en el mercado no evitaron sin embargo que Johnson insistiera en su proclamada determinación de no entablar negociaciones con sus todavía socios europeos hasta que el backstop sea “eliminado” de la mesa negociadora. El martes, el primer ministro reiteró que la decisión ahora corresponde a la Unión Europea. Bruselas no solo se ha negado a reabrir la negociación sino que se encuentra inmersa en un cambio de sus principales dirigentes, lo que dificultará cualquier posible diálogo.

Este martes mismo, el comité de emergencia creado por el nuevo equipo de Downing Street para supervisar y garantizar la implementación de un Brexit duro ocupó simbólicamente las oficinas que habitualmente se destinan a las sesiones del grupo Cobra, que analizan situaciones de emergencia nacional, como atentados terroristas.

Tras la complicada visita del lunes a Escocia, donde la perspectiva de un Brexit a las bravas reaviva las reivindicaciones para celebrar un nuevo referéndum, Johnson también tuvo que gestionar el martes el malestar e inquietud ante el escenario de ruptura. El primer ministro galés advirtió de que un Brexit sin acuerdo sería “catastrófico” para su territorio. El sector agrícola, en especial, manifestó su inquietud a Johnson. El mandatario, por si fuera poco, afronta mañana una elección parcial en la circunscripción de Brecon y Radnorshire que podría reducir a tan solo un escaño su mayoría parlamentaria en Westminster.

El País

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