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El Vaticano espera que la reunión en torno al abuso sexual sea un punto de inflexión

En las décadas desde que estalló por primera vez la crisis de abuso sexual infantil por parte de clérigos, la Iglesia católica ha tenido problemas para resolver un flagelo que ha erosionado su credibilidad, ha alejado a los fieles y ha manchado la reputación de sus sacerdotes, obispos, cardenales y papas.

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El 18 de febrero, mientras el Vaticano se preparaba para una reunión que contará con la presencia del papa Francisco y los presidentes de las conferencias episcopales del mundo, la Iglesia aún estaba buscando una manera de salir adelante.

“Mi esperanza es que la gente considere que este es un punto de inflexión”, comentó el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, en una conferencia de prensa del Vaticano. Dijo que esperaba que la reunión, titulada La protección de menores en la Iglesia, fuera un “momento de movilización” para garantizar que todos los obispos estuvieran en el mismo canal.

La junta de cuatro días, que comienza el 21 de febrero, reunirá a 190 participantes, entre ellos 114 presidentes de las conferencias episcopales o sus delegados, representantes de catorce iglesias orientales apegadas a Roma, líderes y lideresas de órdenes religiosas y otros directores de varias congregaciones del Vaticano.

Las víctimas de abuso sexual hablarán de sus experiencias durante las oraciones de la tarde pero no tomarán la palabra en otros momentos de la reunión. Alrededor de una decena de sobrevivientes se reunirá con los organizadores el 20 de febrero, señalaron los sobrevivientes de abusos.

En la conferencia de prensa, los prelados a los que el papa les encargó organizar la reunión hablaron de la necesidad de hacer que los obispos rindan cuentas respecto de abordar el problema, y declararon que la homosexualidad no era una causa del abuso de menores por parte de los sacerdotes.

También enfatizaron otro tema de la conferencia, la necesidad de una mayor transparencia. En un esfuerzo para atenuar su reputación como una institución hermética y hostil con la prensa, el sitio web del Vaticano transmitirá en vivo partes del evento a puertas cerradas e informará sobre el contenido de otras.

Charles Scicluna, arzobispo de Malta y el principal investigador de crímenes sexuales del Vaticano, les agradeció a los medios por sus artículos de investigación que “han traído este tema a donde pertenece”.

Cuando le preguntaron en la conferencia sobre la cultura de hermetismo que ha permitido que violadores conocidos sigan en la Iglesia durante décadas sin que lo sepan sus parroquianos, dijo que “el silencio es inadmisible”, ya sea como “complicidad criminal o malintencionada, como un código de silencio o como negación”.

“Enfrentar los hechos nos hará libres”, comentó.

Sin embargo, muchas veces a lo largo de los años, la Iglesia no ha cumplido sus promesas de entereza, apertura y rendición de cuentas respecto al tema del abuso sexual, y los sobrevivientes han moderado sus expectativas.

El lunes, un portavoz del Vaticano rechazó responder cuando le preguntaron si Joseph Punderson seguía teniendo su puesto en el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, donde ha trabajado desde 1993. La diócesis de Nueva Jersey lo incluyó este mes en una lista en la que se encuentran personas con “acusaciones creíbles de abuso sexual contra un menor” y lo eliminó del ministerio.

“En este momento no estamos aquí para hablar de casos individuales”, señaló Alessandro Gisotti, portavoz del Vaticano.

El arzobispo Scicluna intervino: “La pregunta es legítima y la gente debe saber que lo que Roma les pide a las iglesias locales también se aplica en casa”.

Cuando los reporteros lo cuestionaron de nuevo, Gisotti dijo sobre Punderson: “No está en el Tribunal de la Signatura en este momento”, aunque no dejó claro si eso significaba que lo habían quitado de su puesto.

Anne Barrett Doyle, codirectora de BishopAccountability.org, uno de los grupos que ya ha comenzado a manifestarse en la Plaza de San Pedro, dijo que se estaban lavando las manos al no responder la pregunta claramente.

El cardenal Cupich, progresista y favorito del papa Francisco, dijo que al organizar la reunión, el papa quería enviar un mensaje a todos los obispos acerca de que el tema era una prioridad urgente, y que “cada uno tiene que hacerse responsable de este problema”. Comentó que la reunión obligaría a los obispos a identificar y cerrar cualquier “brecha” con medidas concretas.

El papa Francisco también se tardó en abordar el tema. Después de animar a los defensores de las víctimas de abuso con un discurso severo al inicio de su pontificado, se mostró lento para actuar. En un viaje a Chile el año pasado, tildó de calumnias las acusaciones de algunos sobrevivientes de abusos, pero después se disculpó y dijo que una investigación encabezada por el arzobispo Scicluna le había abierto los ojos a los “graves errores” de la Iglesia.

El 16 de febrero, Francisco apartó del sacerdocio a Theodore McCarrick, excardenal y arzobispo de Washington, D. C., después de un hallazgo eclesiástico de que había abusado sexualmente de seminaristas adultos y menores de edad. Se cree que es el primer cardenal que ha sido expulsado del sacerdocio por ese tipo de agravios.

Cuando le preguntaron el lunes si creía que el papa había evolucionado respecto a su enfoque en el tema, el arzobispo Scicluna dijo: “Me concentraría en dónde está ahora”. No citó específicamente a McCarrick, pero argumentó que las acciones más recientes y el lenguaje del papa mostraban que no “evitaba enfrentar la realidad” y que el simple hecho de que organizara la reunión decía muchísimo.

“Está listo para decir: ‘Me equivoqué. No lo haremos de nuevo o lo vamos a manejar como es debido’”, comentó. “Creo que eso nos da mucha esperanza”.

Dijo que el papa les había pedido a los organizadores de la reunión que se quedaran en Roma después de su conclusión con el fin de comenzar el proceso de seguimiento y auditoría de los obispos de todo el mundo.

Muchos conservadores en la Iglesia han culpado a la homosexualidad por el abuso sexual de menores por parte del clero, una crítica que sobre todo ha expresado Carlo Maria Viganò, quien fuera nuncio apostólico ante las Naciones Unidas y que el año pasado acusó al papa de encubrir abusos.

Ha sido un tema difícil para el papa Francisco, quien ha promovido la tolerancia a las personas homosexuales. Dirige un sacerdocio con un alto porcentaje de hombres homosexuales que, cumpliendo o no con los votos de castidad, no se atreven a hablar abiertamente de su orientación sexual.

En respuesta a una pregunta, el cardenal Cupich reconoció que la crisis involucra principalmente “el abuso sexual de hombres adultos contra otros hombres”, pero agregó que los estudios habían demostrado durante años “que la homosexualidad en sí no es una causa” de abuso, y que era un asunto de oportunidad y capacitación mediocre.

El papa Francisco ha señalado el abuso de poder por parte del clero, que él llama clericalismo, como la raíz del problema.

Los prelados dijeron que se estaban enfocando únicamente en el abuso sexual de menores para evitar distracciones al agregar demasiados temas.

Al proteger a los menores, dijeron, estarían en una mejor posición para resguardar a los adultos vulnerables, entre ellos las monjas que han sido violadas por los sacerdotes.

La reunión incluirá tres presentaciones de mujeres y charlas dentro de once grupos de trabajo divididos por idiomas.

El Vaticano ha animado a los participantes a llenar cuestionarios y el papa Francisco les pidió a los obispos invitados que se reunieran con los sobrevivientes en su tierra de origen antes de venir a Roma.

“Escuchar a las víctimas es un punto de partida importante”, dijo Federico Lombardi, moderador de la reunión y exvocero del Vaticano.

Solo hablando con las víctimas caso por caso dentro de su propio contexto cultural, señaló, los obispos podrán entender por completo que “el problema existe, es generalizado y está arraigado”.

NYT

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