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Frío, oscuro y sin lugar para estacionarse: así es es el pueblo ‘más feliz de la Tierra’

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Jan Mattlin estaba teniendo lo que en Kauniainen podría considerarse un mal día.

Había ido en su auto hasta la estación de tren y no había encontrado dónde estacionarse. Algo molesto, llamó al periódico local para sugerir un pequeño artículo sobre la falta de lugares de estacionamiento.

Para sorpresa de Mattlin, el editor puso el artículo en la primera plana.

“Tenemos muy pocos problemas aquí”, afirmó Mattlin, socio de una empresa de capital privado. “Tal vez no tenían más noticias disponibles”.

Así es la vida de ensueño en Kauniainen (que se pronuncia [kaunieinen]), un pequeño y adinerado pueblo finlandés que bien podría proclamarse el lugar más feliz del planeta.

En Moms, el único bar que abre hasta altas horas de la noche, los jugadores de un equipo de fútbol se compadecían después de una derrota. El ánimo era irónico pero moderado.CreditLena Mucha para The New York Times

En abril, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas nombró a Finlandia el país más feliz del mundo, según los resultados de una encuesta que incluyó 156 naciones. Una segunda encuesta encontró que los 9600 residentes de Kauniainen eran los más satisfechos de Finlandia, lo cual llevó al alcalde local, Christoffer Masar, a decir en broma que el suyo era el pueblo más feliz de la Tierra.

Algunos finlandeses se sorprendieron; otros incluso se desilusionaron.

Kauniainen puede presumir de ser el lugar más feliz del planeta, pero incluso aquí, los espacios de estacionamiento en la estación de tren son escasas.CreditLena Mucha para The New York Times

En la conciencia mundial, el finlandés estereotípico es melancólico y más propenso al suicidio que la mayoría de las demás nacionalidades. Los finlandeses están hasta cierto punto convencidos de ese estereotipo: según un proverbio de este país, si un extraño te sonríe en la calle, está borracho, loco o es extranjero.

“Mi problema con la palabra ‘felicidad’ es que no sabemos a ciencia cierta cuál es su significado”, comentó el catedrático Frank Martela, quien investiga el bienestar en la Universidad de Helsinki y creció a unos cuantos kilómetros de Kauniainen. “Podría significar estar satisfechos con la vida que tenemos o estar contentos todos los días. Es un poco ambiguo”.

Así que, ¿realmente podemos medir la felicidad? Y, de ser así, ¿se puede afirmar que los finlandeses son los más felices?

Para tratar de contestar esas preguntas, parecía obligatorio un viaje a Kauniainen.

Las razones de la felicidad del pueblo no son evidentes al llegar.

Kauniainen, que se encuentra en las afueras de Helsinki, la capital finlandesa, es bonito, pero no sorprendente: está compuesto de una colección de casas independientes de buen tamaño, esparcidas a lo largo de un bosque de abetos no muy denso, en torno a una plaza que no tiene nada de extraordinario.

En esta época del año no amanece sino hasta pasadas las nueve de la mañana y para las 15:30 ya es de noche.

Pregunten a cualquier residente si está contento y obtendrán una respuesta mesurada, pero no eufórica.

“¿Qué es la felicidad?”, preguntó retóricamente Masar, el alcalde, durante una comida el mes pasado en el único restaurante del pueblo.

En Moms, el único bar del pueblo que abre hasta tarde, unos cuantos jugadores de futbol mostraban una actitud irónica pero melancólica, ya que aquella tarde se lamentaban de una derrota reciente.

“Cuando perdemos”, dijo el inexpresivo Antti Raunemaa, ejecutivo de construcción, “solo nos contentamos luego de la segunda cerveza”.

La mujer detrás de la barra sugirió otra escala para encontrar más sonrisas. “¿Qué tal el McDonald’s en Espoo?”, dijoJenny Lindholm, haciendo un gesto que aludía al siguiente poblado. “En realidad no hay otro lugar”.

No obstante: ahí estaba. Solo que tal vez no donde un cazador de felicidad esperaría encontrarla.

Christoffer Masar, el alcalde de Kauniainen CreditLena Mucha para The New York Times

El Centro de Educación para Adultos de Kauniainen, en un edificio alto a las afueras del pueblo, con su nombre sin gracia, no parecía prometedor. Pero era ahí, no en el bar, donde una gran cantidad de residentes se divertían aquella tarde.

En el sótano tejían alfombras en telares inmensos y hacían cerámica. En la planta baja, un coro cantaba. En los pisos superiores, había quienes pintaban réplicas de íconos cristianos ortodoxos o practicaban yoga.

El centro, subsidiado tanto por el Estado como por la ciudad, ofrece clases vespertinas baratas a los residentes “en esencia, de cualquier cosa que la gente esté interesada en aprender”, comentó Roger Renman, director del centro.

Alrededor del 15 por ciento de la población del pueblo se inscribe en el centro en algún momento determinado, algunos pagan menos de un dólar por hora de clase, dependiendo del curso.

La piscina local. Solo en este pueblito hay más de cien clubes deportivos y culturales, todos subsidiados de un modo u otro por el concejo local CreditLena Mucha para The New York Times

Existen centros similares en toda Finlandia, pero el de Kauniainen es especialmente ajetreado, en particular para un pueblo de sus dimensiones.

Este tipo de servicio es lo que hace al pueblo más alegre que la mayoría, concluyó Seija Soini, una empresaria jubilada que tomaba una clase de pintura.

“La principal razón es que la gente tiene algo que hacer, ¡cosas como esta!”, dijo Soini, mientras pintaba un retrato de su sobrina. “Es terapéutico”.

Además, el centro educativo era solo la principal de las posibles actividades que hay en el pueblo para los residentes. Los pocos lugares para estacionarse en Kauniainen se compensan con los servicios financiados por el Estado.

The Adult Education Center, not a local bar, is where many residents were having fun one night.CreditEl Centro de Educación para Adultos, no el bar de la localidad, es a donde muchos residentes acuden para divertirse.

En este singular pueblito hay más de cien clubes deportivos y culturales, todos ellos subsidiados de alguna forma por el concejo local: clubes para la minoría de habla sueca, clubes para la mayoría finlandesa, una pista de esquí, una escuela de música y otra de arte para niños, un estadio de atletismo, una pista de hielo e incluso un conjunto de escaleras al aire libre, conocidas como kuntoportaat, que permiten a los residentes mantenerse en forma subiendo y bajando los escalones.

Cuando hace veinte años los residentes debatieron si debían construir una pista de hockey o una cancha de balonmano, el concejo resolvió la controversia financiando ambas cosas.

La única institución cuya ausencia es evidente es la estación de policía: debido a que las tasas de delincuencia son mínimas, no hay necesidad de una.

Todo esto va complementado por un sistema de atención médica universal buena y barata, educación universitaria gratuita y cuidado infantil asequible.

Para pagar todo esto, los impuestos son altos en comparación con los estándares estadounidenses: alguien que gana 45.000 dólares en Finlandia podría pagar más del doble de impuestos de lo que alguien con el mismo ingreso paga en algunos lugares de Estados Unidos.

Los habitantes de Kauniaisten se ejercitan subiendo y bajando las “kuntoportaat” unas escalinatas construidas con ese fin. CreditCredit Lena Mucha para The New York Times

No obstante, los residentes afirman que pueden percibir los beneficios: una sociedad con poca desigualdad, muchas oportunidades y un fuerte sentimiento de solidaridad.

“Para mí, la felicidad tiene que ver con sentirse satisfecho con la vida y las posibilidades que se tienen en ella”, comentó Finn Berg, expresidente del ayuntamiento. “Y si lo entendemos así, entonces este es un lugar feliz, porque aquí hay muchas posibilidades”.

NYT

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