Otra vez: la historia de una oposición opuesta a sí misma

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Miguel Polanco

Duro golpe asestó Morena a la democracia veracruzana este martes 12 de Mayo.

La Reforma que blinda al Gobernador Cuitláhuac Garcia Jiménez para no ser sometido a la revocación de mandato en 2022 y una serie de modificaciones a la estructura de los entes electorales de la entidad para 2021, ya son una realidad.

Salieron peor que los priístas.

Pero la bancada de Morena y sus cuatro y medio aliados (el “medio”, por una abstención que fue un “a favor” implícito) también aprobó la reducción del 50 por ciento a las prerrogativas (dinero) de los partidos.

En este último punto, puede que haya quien “celebre” la medida y, tal vez, tengan parte de razón: el presupuesto para partidos tenía que sufrir cambios necesariamente.

Sin embargo, el fondo es lo que preocupa: Morena es el partido que más prerrogativas recibe y además cuenta con un esquema de 19 programas sociales de Gobierno, dedicadas al asistencialismo (regalar dinero público, pues). O sea: no va a sufrir el recorte.

De ahí se concluye que quizás fueron los “primeros de la historia” en reducir los recursos de los partidos, pero se posicionan también como la única fuerza política que se atrevió a copiar los modos del peor PRI en las décadas de los 70 y 80, de manera fiel, con lujo de autoritarismo.

“Implacables”, no cabe duda. Ni Judas se atrevió a tanto.

Por esa razón: que no los confundan.

Súmenle que, además, Morena y sus “cuatro y medio aliados” retiraron los Consejos Municipales para las elecciones de 2021, con lo cual según “ahorrarán” recursos concentrando el proceso y la jornada electoral en las cabeceras distritales.

¿Y a dónde se irá ese dinero “ahorrado”? Dicen que para contribuir con la mitigación del Covid en Veracruz (hoy, tercer lugar nacional de contagios, solo superado por Edomex y Ciudad de México).

Pero nadie les cree ese cuento. Ese dinero irá, sí o sí, a los mismos programas federales asistencialistas para comprar conciencias, con un proceso electoral 2021 en ciernes.
El momento en que se aprueba así lo sugiere.

Qué facturota estamos pagando con estos alacranes en el poder.

Sin embargo, lo que más llama la atención fue la operación política que se aventaron los de la otrora “esperanza de México” (actualmente convertidos más en pesadilla).

A base de seguros “cañonazos” inhibieron a una oposición que no encuentra el camino para, por lo menos, agrietar la muralla guinda.

Sus “soluciones” fueron “expulsar” a los diputados que se dejaron comprar, lo cual, además de ser una solución sumamente estéril, representa también que ahora dejarán volando a por lo menos dos de esos cuatro legisladores que estarán a merced de Morena.

En pocas palabras: se los regalaron. Les abrieron el camino para actuar sin remordimientos y apoyar a Morena sin compromisos con nadie.

Es preocupante que la “oposición” se muestre tan opuesta a su papel, generando bloques partidistas en una sociedad que dejó de creer en los partidos hace mucho. Prueba de ello, es el triunfo de un hombre que fundó un partido, sí, pero que lo hizo más por cumplir con el protocolo del sistema político que exige nuestro país, ya que quien verdaderamente triunfó, fue él, su persona.

La oposición no entiende que cualquier “bloque” mientras sea de partidos, no tendrá ningún efecto si no impulsan una figura que sea la cara -preferentemente ciudadana- que abandere propósitos, metas, proyectos… pero sobre todo: actitudes y conductas acordes a una sociedad que es más emocional.

Ya la democracia mexicana no espera un partido en el poder. Espera ser gobernada por sí misma; “el pueblo para el pueblo”.

Esto es parte de la innovación que nos regaló López Obrador (mal utilizada por él mismo, cabe destacar): simplificar los proyectos políticos en un rostro, no en un color.

¿Será que lo entiendan algún día y actúen en consecuencia?

Mientras, ni modo: a recurrir con las instancias legales correspondientes como en Baja California, con la Ley Bonilla, y a seguir actuando reactivos… otra vez.