La curiosa relación entre la serie Dark… y AMLO

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Miguel Polanco*

Este sábado 27 de junio de 2020 se estrenará a nivel mundial la tercera y última temporada de la serie “Dark”; ovacionada producción original de Netflix, creada por Baran bo Odar y Jantje Friese.

“Dark” ha cautivado a la audiencia por el complejo atractivo de su historia, basada en diversas teorías científicas que, combinadas con diversas mitologías y matices teológicos, hacen de ésta un verdadero viaje hacia el cuestionamiento sobre las paradojas que esconden el principio y el fin de la existencia del ser humano mediante la posibilidad de viajar en el tiempo.

La serie cuenta con una herramienta argumental principal: la teoría de “los agujeros de gusano”, expuesta por Albert Einstein y Nathan Rosen, en la que se plantea la posibilidad de que el espacio-tiempo estén unidos por dos puntos que, atravesados a la velocidad de la luz, podrían dar origen a una conexión entre mundos paralelos, alterando la cronología lineal conocida por el ser humano, tradicionalmente.

Esta teoría se ve apoyada también por la evidencia de cálculos mayas, así como por la teoría del “Ciclo de los 33 años”; en ambos casos, donde se exponen las culminaciones de “eras” determinadas por acontecimientos que marcan el fin/inicio de diferentes ciclos.

En el caso de los mayas, la diferencia de su calendario con el que utilizamos en la actualidad, el Gregoriano, aparentemente contiene un error de ocho años “perdidos”. Es decir, ocho años que no fueron contemplados en el calendario actual y que en los conteos mayas, podrían ser definitorios para la comprensión del inicio y finalización de cada era.

Por ejemplo, de acuerdo con importantes registros de esta civilización, los mayas habrían calculado “el fin de una era” para el año 2012 (fuente de inspiración para muchas películas, documentos proféticos y artículos apocalípticos). Sin embargo, el desfase entre los calendarios maya y Gregoriano, de ocho años, establecería que el verdadero “fin de la era” (más no “fin del mundo”) sucedería en el presente 2020 (2012+8=2020).

Por otro lado, la teoría del “Ciclo de los 33 años”, plantea la importancia de este número como la conexión entre el principio y el fin de una era, mediante la paradoja de que los acontecimientos que se dan en este período, son parte de una secuencia que lleva a la vinculación entre el comienzo y finalización de ésta.

El 33, en varias culturas, es un número que se le considera “maestro”, pues existen evidencias históricas de que la carga simbólica que posee, ha aparecido en varios momentos de la existencia humana, sin importar el país, la cultura, protagonistas, tradiciones, usos y costumbres del momento en el que este número aparece, pero que, no obstante, hace que se relacionen en un “todo”.

Esto se debería, según especialistas, al retorno de la perfecta sincronización entre las órbitas del sol y la luna, siendo esos 33 años el tiempo que tardan ambos astros en llegar a ese punto.

Para citar ejemplos destacados de las “eras” marcadas con el número 33, recordemos que Cristo murió a los 33 años y de acuerdo con la Biblia, realizó 33 milagros más destacados que otras obras. Alejandro Magno también vivió 33 años. Además, el hinduismo cuenta con 33 mil dioses y los musulmanes disponen de 33 perlas para orar, solo por mencionar algunos.

Al respecto, es importante hacer notar la convulsión que ha marcado al presente año 2020, particularmente manifestada por la aparición del virus SARS-Cov-2, mejor conocido como COVID19 o “Nuevo Coronavirus”, a través del cual, la adaptación de la humanidad a nuevas normalidades es, hoy por hoy, la “panacea” del debate social sobre el inicio/finalización de una nueva era para la civilización contemporánea.

Asimismo, la suposición sobre el origen del COVID19, como una herramienta (por no decir “arma”) utilizada para mermar el poderío económico de países considerados potencias mundiales, nos lleva, inevitablemente, a relacionar el “Ciclo de los 33 años” a un nuevo nivel de comprensión… pues la última vez que hubo una etapa similar para la humanidad, fue hace precisamente 33 años, previo a la finalización de la Guerra Fría y la caída del Socialismo, lo cual marcaría el comienzo de la época conocida hasta hoy como “Globalización”.

Cabe destacar que la Globalización como fenómeno mundial también se encuentra dando un giro importante en este 2020, debido al movimiento generado por el COVID19 y sus consecuencias en cada país, tanto económicas como en el reordenamiento social que se desprende de las muertes, contagios y nuevas medidas de convivencia.

Y usted dirá: ¿cómo se relaciona todo este desbarajuste de ideas plasmadas en una serie de televisión, con México? Pues ahí le va:

Recientemente, el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha enfatizado su guerra mediática contra el Instituto Nacional Electoral (INE): el más sobresaliente de los órganos autónomos que quedan en México, ante el vendaval totalitario del político tabasqueño.

La auto ostentación como “guardián” de las elecciones y la ola de comentarios suyos, con una fuerte carga de comunicación política para generar opinión pública negativa contra el INE; han sido una constante en el presidente, con la finalidad de poner en entredicho la labor de este importante ente para la democracia de nuestro país.

Las intenciones de López para dominar toda institución en México, incluidos los Tres Poderes, para imponer un centralismo que facilite el control del país en cualquier ámbito, no es un secreto para nadie ya. Y el INE, como garante de las elecciones, es uno de los objetivos más fuertes del tabasqueño.

Pero remontémonos un poco en la historia.

El Instituto Federal Electoral (hoy INE), nace como un ente separado de la Secretaría de Gobernación en 1991, producto de la Reforma Electoral de ese año que también vio nacer el primer Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales apegado a una instancia no dependiente del Gobierno de la República.

Posteriormente, en 1994, una nueva Reforma Electoral impulsada por el PAN y el PRD, consolida la autonomía de este órgano, con la finalidad de dotar a la democracia del país de mayor certeza para definir los resultados de los comicios electorales, sin la intervención de los Gobiernos en turno.

Sin embargo, la parte curiosa -y que da nombre a este texto- es la “coincidencia” que a continuación le contaré:

El fortalecimiento de las instituciones electorales en México, luego de cinco décadas de hegemonía autoritaria priísta, inicia formalmente en 1987, cuando Porfirio Muñoz Ledo y Rodolfo González Guevara encabezan la conformación de la “Corriente Democrática” que, a la postre, derivaría en el Frente Democrático Nacional (FDN) y que originaría, además, la creación del PRD como partido antítesis del oficialismo representado por el PRI.

Está de más mencionar que en ese movimiento participó López Obrador, con la entonces -supuesta- convicción de “acabar” con el totalitarismo del PRI.

¿Dónde está la curiosa relación con “Dark”?

Bueno, para empezar, los cambios en materia político-electoral más importantes de la historia contemporánea para México y que provocaron históricas alternancias en el 2000 y 2012, iniciaron en 1987… sí, hace 33 años.

Y, por otro lado, es interesante observar cómo pareciera que se está cumpliendo un ciclo o una “era” en ese contexto, pues ahora López Obrador -el mismo que “luchó” por la democratización del país en aquel año- hoy es el principal promotor de un centralismo digno del más recalcitrante priísmo de mediados de los 80, queriendo que el órgano electoral funcione bajo sus órdenes, como Presidente de México.

En conclusión: López Obrador quiere que el INE vuelva a ser administrado y controlado por el Gobierno Federal, como hasta hace 33 años lo hacía el PRI en nuestro país.

Y además, cuenta con un “refuerzo” de lujo: Manuel Bartlett Díaz (que para los conocedores de la serie, vendría siendo el “Noah” de la 4T); aquel que hace 33 años y ante el poder adquirido por la izquierda en México; vigiló, manipuló y quiso descomponer los cimientos de un nuevo sistema democrático, gestando uno de los más grandes fraudes electorales conocidos hasta la fecha.

Pero resulta que en 2021 habrá elecciones intermedias en las que se renovarán los Congresos Federal y Locales, donde podría perder sus mayorías Morena y por ende, Obrador entraría en serios problemas para validar sus decisiones autoritarias.

Y sí, por si le quedaba duda: en ese mismo 2021 se cumplirán 33 años del fraude que le mencioné, conocido como la “Caída del Sistema” … precisamente protagonizada por Bartlett, hoy aliado de López.

¿Finaliza e inicia una nueva era para México? No sé a usted, pero a mí me causa mucha curiosidad esta “coincidencia”.

*Consultor en Comunicación Política