¿Tiene intelectuales la 4T?

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Mauro González

Desafiar al poder es tarea esencial del intelectual, pues aquél se  extralimita siempre. La del poder, desafiar habitualmente la verdad.

El intelectual es un apasionado que se esfuerza de “continuo por encontrar la verdad… y decirla, sea como sea, aunque le despedace”.

Al intelectual se le exige el coraje de la parresía o palabra franca.

Por eso tiene el derecho de provocar, debatir, cuestionar.

El intelectual verdadero hace la guerra a cobardía y adulación.

Ejemplo señero de antaño, Tomás Moro, Lord y Canciller de Inglaterra, amigo de Erasmo, intelectual de altos vuelos, humanista. Un día memorable, se enfrentó él a la insolencia e iniquidad de Enrique VIII con la vida, en aras de la lealtad a su conciencia, a sus convicciones.

En su momento, Hannah Arendt y Václav Havel, críticos de totalitarismos nazis y marxistas, reclamaron como intelectuales a todo intelectual, el compromiso y la osadía de “vivir en la verdad”. Ese reclamo es antídoto contra el veneno del “posmoderno silencio ante la evidencia”. Del posmoderno pensamiento único que no es pensamiento ni palabra persuasiva, sino violencia. Violencia que se impone para achatar ideas y convicciones. Pensamiento único, enemigo de la libertad, del derecho de profesar convicciones fundamentales. Anti pensamiento único, anticipo de la muerte niveladora.

El intelectual orgánico no es un intelectual, es simulacro de tal, porque está al servicio del poder. Su especialidad: adular, suplantar la realidad ya sea con oportunismos o con dogmatismos ideológicos. La actitud dogmática es ciega para la verdad. La oportunista hace escarnio de la evidencia. Tienen como propósito ambas actitudes, meter la realidad toda en sus casilleros mentales. Al intentarlo, se ven forzados a deformar los hechos. Siempre ese afán deformador resulta un fanático fracaso, han dicho pensadores de la talla de Ortega y Gasset.

La evidencia de los hechos acaba por imponerse con obsesiva constancia histórica.

Platón, comentado por Jaeger, habla en la ‘República’, entre otras cosas, de la colmena humana. Describe la patológica actitud demagoga que habla sin cesar mientras la masa zumba en torno a ella y “no acepta que nadie exteriorice otra opinión”. Y al final, dicha masa confiere poderes ilimitados y nace la tiranía (Rep.,564 C 6-565 D).

¡Qué bien se aplica eso a la hora presente!

Ahora aterrizo lo anterior en el terreno de la llamada 4T. Aclaro que respeto a la persona de cada uno de los integrantes de la intelectualidad orgánica de la 4T, a los que llamaré personajes de la misma, pero no así a sus posicionamientos ni actitudes.

Pondré algunos ejemplos. Ante las críticas a la 4T, aducen ellos que se trata de campañas orquestadas por la oligarquía, por los “conservadores”. Pero ¿acaso los zapatistas son conservadores, son parte de la oligarquía neoliberal? ¿Lo son los campesinos de Huexca y el clamor de la sangre de Samir Flores? ¿Fue conservadora la heroica enfermera María del Carmen Galeana que se suicidó contagiada del coronavirus, reprochando al gobierno su insensibilidad? No, ellos son voces del pueblo que siente, piensa e increpa, no de la masa zumbante.

¿Lo son las feministas inconformes con el régimen? ¿Lo son acaso las enfermeras y los médicos que protestan afuera de hospitales públicos por falta de insumos esenciales para combatir el virus letal? ¿Lo son las madres de niños con cáncer, angustiadas por la falta de medicamentos idóneos? ¿Son en verdad neoliberales, oligárquicos, los reclamos de hambrientos migrantes, despreciados y deportados, contra todo derecho y humanidad en aras del dinero concentrado en unos cuantos? ¿Dónde queda la coherencia, el sentido humanitario, señores de la 4T?

Y desde otro ángulo, ¿no fue conservador Winston Churchill que se enfrentó al demencial Hitler, salvando el honor de Inglaterra? ¿Y qué era Stalin que se alió primero con ese Hitler y luego por conveniencia le dio la espalda? ¿No es ultra oligárquica, ultra derechista y vergonzosa la complicidad y capitulación de la 4T ante el trumpismo represor de migrantes pobres? Esa sola capitulación, de la que se jactan insolentemente, junto con la catástrofe sanitaria y la política educativa envenenadora de la niñez con ideologías antinaturales contrarias a los valores más queridos del pueblo guadalupano, bastarían para que quedara definida la 4T ante la historia; triste historia, lamentable –para el México consciente–, que ojalá se rectifique.

Y, por otra parte, ¿no son neoliberales los integrantes del Consejo Empresarial de la 4T, los Slim, Salinas Pliego, Hank? ¿No es neoliberal la política tributaria relativa a la riqueza extrema, política conservadora contraria a las recomendaciones de gravarla, hechas por Piketty y el premio Nobel Stiglitz? ¿No es neoliberal la política ambiental fomentadora de energías contaminantes? ¿No es neoliberal la entusiasta apuesta de la 4T al T-MEC, versión actualizada del TLC tan vilipendiado antes de ser gobierno? ¿Y la iniciativa para extender las patentes de medicinas de laboratorios extranjeros por 10 años, en detrimento de las genéricas y del bien del pueblo?

Esgrimen algunos personajes de la 4T que no se tiene derecho a la crítica porque la 4T obtuvo 30 millones de votos en la elección pasada. Pero olvidan refutar los hechos que sustentan la crítica; simulan olvidar el descarrilamiento del competidor más fuerte después de elecciones exonerado, en presunto acuerdo con el priismo. Pero, lo más grave, simulan ignorar que en una democracia la mayoría de votos legitima el origen del poder, pero no su ejercicio. El ejercicio del mismo se legitima en la práctica cotidiana, con buen gobierno, con prudencia política, con hechos que realicen el Bien Común, que respeten la Constitución.

Hay muchos casos aleccionadores en la historia: triunfos electorales que después, en el ejercicio del gobierno, devienen en dominación, en tragedia para el pueblo.

La 4T es blanco de dura crítica porque da motivo para ella. Los hechos contrarios al Bien Común provocan la crítica. Van algunos ejemplos.

Designio de militarización de la seguridad pública en contra de lo prometido en campaña; asedio cotidiano a los medios de comunicación que cuestionan su conducta política; galopante y brutal violencia del crimen organizado en virtud de una estrategia de presumible contemporización; pretensión de control absoluto del presupuesto en contra del designio constitucional y de la historia de la representación política; desconocimiento del derecho natural de padres y madres de familia de decidir el tipo de educación que se imparta a sus hijos.

La economía a la deriva, con más pobreza, desempleo, sin incentivos:  75% de los hogares no recibe apoyo alguno del gobierno federal a pesar del drama pandémico, según encuesta reciente de la Universidad Iberoamericana. Una tragedia humanitaria con millones de desempleados abandonados a su triste suerte.

Más hechos: concentración del poder mediante el aniquilamiento de los organismos autónomos que son baluarte de pluralismo en todo régimen democrático de verdad; anonadamiento en la práctica del poder legislativo; experimentos locales de reelección bien vistos por secretaria de Estado; construcción de obras faraónicas en tiempo de austeridad republicana; política cotidiana de división, encono, descalificación; conjuras presuntamente autofabricadas que vulneran la credibilidad del INE y del Tribunal Electoral en vísperas de elecciones; errático e irresponsable manejo de la pandemia, de cifras, de prematuro anuncio de vuelta a la “nueva normalidad” en plenos picos de muertos y contagiados; falta de apoyo a las pequeñas y medianas empresas como en todo el mundo se ha hecho en medio de la pandemia.

Otros ejemplos que exigen la crítica: desprecio del pilar de un orden justo y democrático, la presunción de inocencia, mediante la consagración de la prisión preventiva oficiosa y la extinción de dominio; ataque a la autonomía constitucional de Estados y municipios vía los superdelegados; predominio de asignación directa de contratos públicos en vez de licitaciones como lo establece la Constitución; patrocinio de un régimen de desconfianza institucionalizada a través de la delación con base en el funesto clima de sospecha, clima tan criticado por Hannah Arendt al hablar de Robespierre –nada conservador– y de su guillotina puritana, burguesa y revolucionaria.

No hay que olvidar lo que dijo Chesterton: “las virtudes vueltas locas son peores que los vicios”.

Todos estos hechos contrarios al Bien Común, a derechos y libertades, son “sublimados” por los personajes del régimen y rebautizados con la expresión cuasi cómica de “hegemonía democrática”. Empujan los hechos antidemocráticos dentro de su casillero ideológico, deformador de realidades y principios. Falsean impunemente el sentido de las palabras, acomodándolo a sus gustos ideológicos; al negro lo llaman blancura hegemónica; al frío, calor; al vicio, a las fallas, virtudes.

Mas el embravecido oleaje de todos esos hechos hace naufragar toda deformación de realidades y principios. Sería alentador que debatieran ellos con honradez intelectual y argumentos serios sobre la situación política. Para de esa manera encontrar salidas compartidas en bien de la patria conforme a lógica y Derecho.

La 4T es una fórmula retórica adormecedora que cambia con frecuencia de máscara. Da un paso adelante y dos atrás. Es como un Proteo que desconcierta a diario, oscilando entre derecha e izquierda a conveniencia, pero con la mira puesta en un propósito final muy claro:  aferrarse al poder a toda costa, incluso de las libertades y derechos más apreciados por el pueblo consciente. Su camino está ya pavimentado para ello con los hechos antes enumerados. Además, el ser candil en la ONU, no desvanece las oscuridades de la casa.

Ojalá que dentro de la 4T hubiera muchos Muñoz Ledo, en su versión ahora de palabra franca y crítica, para que se rectificara; habló el tribuno de “pastores y borregos”. Hay gente valiosa y valiente en todas partes como la que ha renunciado al gobierno federal en protesta. La clave entonces, para que se respete el Derecho y la Constitución, está en que una parte determinante de la nación se sacuda el letargo, el hechizo adormecedor, la rutina, la resignación de los tibios. Y luche, debata, increpe, se oponga con armas democráticas, las de la razón, la historia, la resistencia civil gandhiana y la generosidad con el adversario. Todo ello en la búsqueda de un orden social libre, justo, compasivo y solidario, en paz, en concordia.

Así el hecho de la pandemia y sus consecuencias serán más llevaderos, una oportunidad de sacar lecciones, replantearnos las cosas y la vida misma, de encontrar una base común de entendimiento en los valores de libertad, justicia, respeto y tolerancia, a pesar de las diferencias fundantes de tales valores, gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación.

Dedico este artículo a la memoria imperecedera de Tomás Moro, mártir, patrono de los intelectuales; a todos los periodistas e intelectuales libres que asumen su papel con verdad y responsabilidad; a los ciudadanos que debaten de buena voluntad con ideas, en redes; a lo que insultan con aprendidos clichés, deseando con afecto que estén bien y esgriman argumentos; y con viva cordialidad a los adversarios políticos que estén dispuestos a debatir con razones.

Proceso