El insólito caso del PRD

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Miguel Polanco*

Cada etapa previa a un proceso electoral, los dan por muertos. Después de la jornada, también. Otros, hasta les auguran desapariciones prematuras. Que con el recorte de las prerrogativas al 50 por ciento, “no les va a alcanzar ni para los camiones”. Que “lo que queda” de ellos, ya no da para enfrentar una elección de Estado, como la que se prevé.

Total que, el caso del PRD, es verdaderamente digno de estudio y, en una de esas, también de admiración.

Allá en el ocaso de los años 80, surge esta fuerza política que unificó la más pura expresión opositora de la que se tenga registro en nuestro país, propiciado por la conformación del Frente Democrático Nacional (FDN), integrado – a convocatoria de Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano- por el PMS, PSUM, Coalición de Izquierda, Movimiento de Acción Popular, PRT (junto a su candidata, Rosario Piedra), la COCEI, CIOAC, la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México, la Unión de Colonias Populares y la Unión Revolucionaria Emiliano Zapata, entre otras; fungiendo como el contrapeso histórico más importante, con enfoque revolucionario, para derribar al sistema emancipado del PRI.

Era tan fuerte la presencia del FDN, que incluso reagrupó a un sector del priismo autodenominado “Corriente Democrática”, de donde emergerían personajes como Andrés Manuel López Obrador.

-Mención aparte: sí, Lopéz Obrador fue un ex dirigente tabasqueño -como destacado integrante del PRI que era- hasta después de la elección de 1988, cuando se unió “formalmente” al nacimiento del PRD.

Y hablar de lo que sucedió a lo largo de la década de los 90 con el PRD, involucra adjudicarle a este partido la pugna por descentralizar al órgano electoral y separarlo de la Secretaría de Gobernación, convirtiéndolo en el Instituto Federal Electoral, otorgándole una urgente autonomía.

También, hay que destacar que al PRD se le debe que surgiera el primer Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales para México, mediante el cual avanzaríamos hacia un cambio trascendental en la búsqueda de un verdadero sistema democrático y de respeto a la voluntad popular.

Es decir: la importancia del PRD, desde sus inicios, es innegable.

Sin embargo, para infortunio de este partido, justamente fueron esos “corrientes” y “democráticos” priistas, los que se fueron apoderando de sus filas, saqueándolo hasta la quiebra y dividiéndolo, hasta dejarlo herido de muerte y abandonarlo a su suerte, para irse, traicioneros como siempre fueron, y fundar su propio partido; ése que tiene nombre de virgen mexicana.

Y así, en este último párrafo se define el paso del PRD a partir del año 2000.

Pero a diferencia de otras fuerzas políticas de naturaleza rémora y satelital, como aquellos “ambientalistas”, “trabajadores” o religiosos ultraconservadores; el PRD se ha mantenido a través de alianzas diversificadas, nada pragmáticas a veces, pero sí con un enfoque verdaderamente progresista.

Y no, no lo han hecho para “sobrevivir”, si es eso lo que usted piensa. Ha sido, indiscutiblemente y mejor dicho, para mantener viva la llama de una verdadera oposición que abra puertas a la pluralidad no solo de opiniones, sino hasta de administraciones públicas enteras.

Caso más claro de esto último es justamente Veracruz, donde después de 81 años de hegemonía priista, con un estado impregnado de corrupción, violencia y desigualdad; el PRD marca la diferencia en el 2016 para hacer que la entidad se uniera, por fin, a la alternancia que 16 años atrás había iniciado el país tras el derrumbe del PRI a nivel federal.

En ese año, la diferencia de votos que dio como resultado la victoria de la coalición con el PAN, fue justamente la que aportó, de manera individual, el PRD.

Dos años después, en 2018, la puerta que abrió aquella elección que acabó con el PRI en Veracruz, facilitó la llegada de otro partido a la administración estatal, gracias a la transición iniciada en 2016 por la coalición del PRD.

Y hoy, en pleno 2020, el PRD sigue haciendo historia… por increíble que parezca y, además, dando una lección de unidad para la resquebrajada oposición actual.

El pasado domingo 09 de agosto, con 96 votos en unanimidad, eligieron a su nuevo presidente estatal en la figura del liderazgo humanista, de origen catemaqueño, Sergio Cadena Martínez. Además, con 98 votos -también de manera unánime- eligieron a Rogelio Franco Castán como su Consejero y representante veracruzano, en aras de la elección del nuevo Comité Ejecutivo Nacional, el próximo 22 de agosto en la Ciudad de México.

Y entonces, resulta que en épocas donde la obsesión maquiavélica y divisionista del partido en el poder, el cual se ha dedicado a lanzar sendas bombas para fragmentar a otros fuerzas políticas como el PAN; ahora el PRD demuestra, una vez más, que la unión hace la fuerza.

No les ha importado mucho que les recorten recursos, pues como ellos mismos dicen: “en el PRD estamos acostumbrados a movernos sin dinero, por convicción y caminando”, y a la par, ejerciendo presión sobre las tropelías totalitarias del que preside el país, imponiéndole controversias constitucionales de gran calado (como aquella sobre los “siervos de la nación” que andaban promocionando al presidente con recursos públicos o para echar pa´trás la Reforma Electoral que blinda al gobernador Cuitláhuac García de ser sometido a revocación de mandato en Veracruz).

La conclusión es que la verdadera izquierda de México está más viva que nunca y, en un descuido, podría ser –otra vez- el factor que marque la diferencia en el que se vislumbra será un proceso electoral 2021 hostil y definitorio en el futuro inmediato de México.

El insólito PRD sigue de pie y dando cátedra de unidad, como única herramienta para enfrentar al centralismo nocivo y confrontador que tiene sumido al país en su peor miseria en años.

No hay que perderlos de vista. De cuates se los sugiero, estimada y estimado lector.

*Consultor en Comunicación Política e Imagen Pública