Este gobierno no es de izquierda

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Mauricio Merino

Dicen que el gobierno mexicano es de izquierda democrática. Pero al presidente no le cuadran esas clasificaciones. Prefiere las del Siglo XIX: liberales y conservadores. Aun así, muchos persisten en la idea de que el gobierno es de izquierda por su eslogan favorito y porque busca combatir la corrupción que, desde su mirador, solo cometen los adinerados. Sin embargo, cuando escucho ese argumento recuerdo a Rafael Segovia, quien decía que cuando alguien no consigue distinguir entre izquierda y derecha es porque es inequívocamente de derecha. Pues bien, hay profundas diferencias entre este gobierno y la izquierda democrática.

Enlisto: 1) El presidente llegó al poder a través de un movimiento creado para sí mismo; nació de sus ideas y de su liderazgo único; 2) es un partido de raigambre moral, anclado en un credo religioso evangelista; 3) esa doctrina se ha expresado abiertamente en el discurso público, en los libros publicados por el presidente e incluso en el proyecto de elaborar una “constitución moral de la república”; 4) toda la narrativa política gira en torno de esas creencias y con ellas se justifican todas y cada una de las decisiones; 5) la idea del “pueblo” se plantea siempre como cosa genérica, uniforme, sin distingos de ninguna índole, encarnado invariablemente en el líder.

Además se ha propuesto: 6) la construcción de un lenguaje de amigo/enemigo irreductible, donde cualquier disidencia no sólo ha de descalificarse imputándole intenciones aviesas y malignas sino eliminarse ad hominem; 7) la construcción de un aparato bien disciplinado de campo, que lleva el credo moral del régimen casa por casa: los Siervos de la Nación que, por cierto, van uniformados y repiten consignas mientras reparten favores; 8) la reducción deliberada de la administración pública para sustituirla por un grupo político obediente y sometido; 9) la utilización creciente de las fuerzas armadas para ir supliendo a la administración pública de las tareas fundamentales del Estado; 10) la edificación constante, cotidiana, permanente, de una interpretación del mundo que solamente emana del poder sin réplica y que se cifra en la confrontación total de buenos (los aliados obedientes) contra malos (los disidentes de cualquier naturaleza).

Sigo: 11) La separación pragmática entre el poder político y el económico pero auspiciando a los grandes capitanes de empresa que se someten al gobierno; 12) la entrega directa de dineros al pueblo bueno (no al malo) en sustitución de un Estado social de derechos garantizados para todos; 13) La negación rotunda de las virtudes de la pluralidad política; 14) la guerra declarada contra la deliberación abierta y democrática; 15) el uso del monopolio de la coacción para eliminar adversarios, incluso a través de la consulta popular; 16) la cooptación y/o destrucción de instituciones defensoras de derechos humanos; 17) la negativa a una reforma fiscal progresiva; 18) el uso de los símbolos del pasado heroico encarnados en el líder y en nadie más; 19) El escarnio del conocimiento científico y de la evidencia; 20) la idea de la familia nuclear, la homofobia y el rechazo al feminismo.

Que me perdonen los incondicionales y los esperanzados: este gobierno no es de izquierda. Podrá discutirse qué cosa es y esperar acaso resultados. Pero separemos a la izquierda democrática de lo que está haciendo.
Investigador del CIDE

El Universal