Narcogeografía postelectoral

Jorge Fernández Menéndez

Ya veremos las consecuencias políticas que tendrán en el escenario nacional y local los comicios de ayer. Mientras tenemos resultados finales, vamos a poner el acento en algo que será decisivo para esos nuevos gobiernos, pero también para muchos equilibrios nacionales en el ámbito de la seguridad, la reorganización del crimen organizado que influye e influirá en esos estados, seis estados que eran gobernados por el PRI y el PAN y que ahora, en su mayoría, quedarán bajo administraciones de Morena.

En este ámbito, ninguno es más importante que Tamaulipas. Por Nuevo Laredo y Reynosa transita buena parte del comercio internacional de México y siempre han sido claves para el crimen organizado, no sólo por el narcotráfico. En esos ámbitos, además, es donde mayor relación, de todo tipo, se ha dado entre la política, la administración pública, sectores empresariales y grupos criminales. Desde los tiempos de Juan Nepomuceno Guerra y luego Juan García Ábrego, hasta Osiel Cárdenas y los Zetas, incluyendo la ruptura de éstos con el cártel del Golfo y luego de la pulverización de esos grupos con los remanentes del Golfo y la presencia, como sucesores de los Zetas, del cártel del Noreste y su Tropa del Infierno, durante más de 40 años esa región fronteriza, incluso en las guerras intestinas, fue controlada por grupos locales.

Pasada esta elección puede haber un cambio sustancial que tendrá todo tipo de repercusiones. Se dice en ámbitos de inteligencia que el cártel de Sinaloa, con aliados locales, estaría listo para terminar de desplazar en la estratégica frontera de Nuevo Laredo y Reynosa al cártel del Noreste, desarticulado, luego de la detención, en marzo pasado, de su líder Gerardo Treviño, apodado El Huevo, sucesor en la entidad de los Zetas y que fue entregado inmediatamente a Estados Unidos.

Sinaloa ha tenido, consecuencia de contar con un enemigo común, los Zetas, acuerdos con el cártel del Golfo, una organización debilitada, pero muy presente. La cercanía de algunos de sus líderes con dirigentes de Morena locales ha sido evidente. Muchos de los negocios y de los acuerdos políticos del asesinado empresario Sergio Carmona iban en ese sentido. El último encargo político del seguro candidato ganador, Américo Villarreal, independientemente de una larga carrera política local, fue como delegado de Morena en Sinaloa, en las controvertidas elecciones del año pasado. La presencia de Sinaloa en el noreste del país es cada vez más marcada y todo indica que su avance hacia el control de esa estratégica frontera, con sus aliados locales, puede ser, a corto plazo, un hecho. Nada de eso será, por otra parte, gratuito, y sus rivales, como en su momento lo hicieron todos, no se resignarán simplemente a perder una de las joyas de la corona.

En Quintana Roo, llegará Mara Lezama, una buena y destacada política, que fue una eficiente y apreciada presidenta municipal en Benito Juárez, Cancún, tiene peso y apoyo. Pero debe cambiar la perspectiva del estado. Más allá de buenas intenciones o no, lo cierto es que en la administración de Carlos Joaquín, la seguridad en el principal centro turístico del país, se fue deteriorando en forma constante hasta poner en riesgo el destino.

Quintana Roo tuvo algún buen gobernador y otros muy malos, pero a ninguno se le había ido la seguridad de las manos. Eso ha sucedido en los últimos seis años. La construcción del Tren Maya y del aeropuerto de Tulum aumentaron los apetitos y diversificaron a los grupos criminales. Y nada puede arruinar un centro turístico internacional más que la inseguridad. Ése es el desafío de Mara: necesitará ayuda y de la buena, porque tiene voluntad de hacerlo, pero la sola voluntad para este tipo de desafíos no alcanza.

Oaxaca será otro estado que tendrá muchos problemas, sobre todo en el Istmo. Se han establecido en el estado organizaciones y grupos criminales que antes eran muy marginales. El asesinato de uno de los principales operadores electorales de Salomón Jara en Juchitán, el sábado, puede ser un signo de los nuevos tiempos. El transístmico es muy tentador y muchos operadores políticos se han terminado asociando a grupos criminales para trabajar la zona. Y hay y habrá enfrentamientos. Oaxaca, esperemos que no, puede terminar siendo un escenario de disputa territorial muy dura como hemos visto en otros estados de la República.

Aunque fue una de las elecciones más disputadas del día de ayer, no creo que cambien muchas cosas en Durango. Allí la capital es tradicionalmente panista, la disputa se da en La Laguna y todo el territorio rural es del cártel de Sinaloa, a partir, por supuesto, del Triángulo Dorado, donde estuvo el fin de semana pasado el presidente López Obrador. Lo era antes, lo es ahora, lo será en el futuro. La diferencia es que desde allí, Sinaloa puede terminar de imponerse en Zacatecas y unir sus corredores con los nuevos en Tamaulipas.

Tampoco habrá cambios notables en Aguascalientes, una entidad que ha logrado, quizás por su tamaño, quizás por el peso empresarial, quizás porque ha sido elegida como lugar de residencia, mantenerse alejada de muchas de las vicisitudes criminales que azotan al país. Hidalgo está bastante distante de eso, y la seguridad no es su fuerte. Sin complicidades no podría haber, por ejemplo, una industria tan pujante del huachicol en todas sus variantes y versiones en la entidad. Eso no cambiará con la llegada del morenista Julio Menchaca. De política hablaremos mañana.

Excélsior