A pesar del aparato gubernamental, el acarreo y los famosos “acordeones”, la elección judicial fue un desastre: apenas 11.9% del padrón acudió a votar, según una encuesta de salida de Berumen. La mayoría —88.1%— simplemente dio la espalda a las urnas.
Con eso, el nuevo Poder Judicial nace herido de origen, deslegitimado y con fuerte tufo a imposición, acusa el periodista Arturo Reyes Isidoro, quien en su análisis también lanza una dura crítica al gobierno de Claudia Sheinbaum y al legado autoritario de López Obrador.
Pero el golpe no solo fue nacional. En Veracruz, el terremoto electoral dejó a Morena con menos de la mitad de los municipios que gobernaba. Pasó de 118 a apenas 72, a pesar de controlar el gobierno estatal y federal. Y aunque Rosa María Hernández Espejo logró una victoria simbólica en el puerto de Veracruz, la familia Yunes (PAN) perdió su hegemonía en la zona.
En contraste, Movimiento Ciudadano se perfila como la gran sorpresa, quedando como segunda fuerza política estatal, solo detrás de Morena-PVEM, mientras el PRI se desploma al quinto lugar.
Tres datos que sacuden:
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En Coxquihui, donde fue asesinado un candidato de Morena, ganó el PAN.
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En Texistepec, donde también hubo violencia, triunfó el PT.
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En Uxpanapa, tras un atropello fatal por parte del equipo morenista, ganó Movimiento Ciudadano.
Y mientras la gobernadora Rocío Nahle presumía responsabilidad ciudadana, el electorado hablaba con su abstención y con votos que fragmentaron el poder de Morena en el estado.
La elección del 1 de junio pasará a la historia no por su legitimidad, sino como una alerta roja para un régimen que creyó tenerlo todo asegurado… y lo perdió en las urnas.
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