Donald Trump volvió a encender el escenario político con una amenaza que podría redefinir —o incendiar— el futuro migratorio de Estados Unidos: una pausa permanente a toda migración proveniente de “países del tercer mundo”. Sí, permanente.
El republicano aprovechó el clima de tensión tras el tiroteo que dejó a dos miembros de la Guardia Nacional heridos en la capital estadounidense para lanzar un mensaje incendiario en su red Truth Social. Según él, la migración ha “erosionado los avances tecnológicos” y deteriorado la calidad de vida de la población.
Y su receta es directa:
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expulsar a cualquiera que no sea “un activo neto”,
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cortar subsidios federales a no ciudadanos,
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desnaturalizar a quienes “socaven la tranquilidad interna”,
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y deportar a todo aquel que considere una “carga pública”.
Una agenda migratoria de bulldozer.
El incidente que sirvió como contexto para esta nueva embestida política involucra a Rahmanullah Lakanwal, un ciudadano afgano de 29 años que trabajó con una unidad militar respaldada por la CIA y fue evacuado a EE.UU. en 2021 bajo el programa Operation Allies Welcome. Después del ataque, tanto él como una de sus víctimas permanecen en estado crítico.
Trump no especificó a qué países aplicaría este veto global, pero el mensaje es claro: quiere poner el candado total a la migración que no encaje en su idea de “aporte neto”.
Su postura vuelve a dividir al país en un momento en el que cualquier chispa se convierte en incendio político. La pregunta ahora es si esta propuesta es una política real… o simplemente el próximo capítulo del manual trumpista para encender a su base.
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