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Juncker ve “avances” en el plan de Brexit de Johnson pero advierte de que hay “puntos problemáticos”

Ha llegado la hora definitiva. Las próximas 48 horas demostrarán si Boris Johnson puede realmente alcanzar un acuerdo sobre el Brexit con la UE que evite una salida desordenada del Reino Unido el próximo 31 de octubre. El primer ministro ha utilizado su discurso de clausura del congreso de los conservadores en Mánchester este miércoles para confirmar que ya tiene listos los detalles de la propuesta para Irlanda del Norte que enviará a la UE y que “bajo ninguna circunstancia” permitirá que haya controles “en la frontera de Irlanda del Norte o cerca de ella”. Una frase medida al milímetro con la que ha evitado reconocer expresamente que será necesario algún tipo de supervisión aduanera. El llamado backstop (la salvaguarda irlandesa) ha sido durante tres años el principal escollo de las negociaciones. Un enorme cartel a sus espaldas plasmaba el lema del acto del partido: “Get Brexit done” (llevemos a cabo el Brexit).

Johnson ha entregado ya su propuesta al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y ha remitido copia a los líderes de los 27. “Hoy vamos a presentar en Bruselas lo que creo que son propuestas razonables y constructivas”, dijo el premier durante su intervención. El texto enviado a Bruselas supone un giro de 180º respecto a la solución que propuso en su día la ex primera ministra Theresa May.

El primer ministro ha telefoneado también al presidente de la Comisión Europea, para comentar los detalles de su esperada propuesta. Juncker ha asegurado tras la conversación que el plan de Johnson contiene “avances positivos hacia un acuerdo”. Pero ha advertido que “hay todavía puntos problemáticos que necesitarán clarificarse en los próximos días”. Bruselas duda que el plan tal como ha llegado garantice que no habrá una frontera dura que divida a Irlanda después del Brexit.

En su momento, el Gobierno británico acordó mantener todo el Reino Unido dentro del espacio aduanero de la UE hasta acordar un nuevo y definitivo acuerdo comercial con los Veintisiete. Era el modo de contentar a los unionistas norirlandeses del DUP, cuyos 10 diputados sostenían la mayoría parlamentaria de May. Se evitaban disposiciones diferentes para un territorio como Irlanda del Norte. La propuesta del conservador ha sido bautizada como Dos fronteras para cuatro años.

Según el nuevo planteamiento, esa provincia del Reino Unido (Irlanda del Norte) se someterá a un doble régimen. Saldrá, junto con el resto del país, del espacio aduanero de la UE y por tanto deberán establecerse controles a ambos lados de la isla de Irlanda. Pero a la vez se mantendrá alineada por un periodo de cuatro años, finalizado el periodo de transición, con las reglas del mercado interior. Es decir, al menos hasta 2025. A partir de entonces será la propia Asamblea de Irlanda del Norte la que decida si se mantiene en esa situación o pasa a funcionar con el mismo régimen que el resto del Reino Unido. La doble idea de que la solución esté limitada temporalmente y se conceda la última palabra a los políticos del Úlster podría servir finalmente para que el DUP dé su brazo a torcer y apoye a Johnson.

“Me temo que después de tres años y medio, la ciudadanía comienza a creer que les están tomando por tontos. Comienzan a sospechar que hay fuerzas en este país que simplemente no quieren que haya Brexit. Y si sus sospechas se confirmaran, creo que habría graves consecuencias en el grado de confianza hacia nuestras instituciones democráticas”, ha dicho Johnson a los delegados en su intervención.

Ha sido un discurso claramente electoral, en el que Johnson ha representado el personaje más querido por sus seguidores. Ha arremetido contra el Parlamento: “Si fuera un programa de telerrealidad, todos los diputados habrían sido ya expulsados de la isla, pero, al menos, habríamos tenido la satisfacción de ver cómo el speaker (presidente) de la Cámara de los Comunes [John Bercow] se comía a la fuerza el testículo de un canguro”. Risas y aplausos de los delegados, encantados de escuchar cómo su líder definía al Partido Laborista como un puñado de “marxistas antisemitas”.

Johnson ha defendido su propuesta para Irlanda del Norte como un conjunto de medidas “técnicas, constructivas y razonables en torno a la naturaleza de lo que deben ser los controles aduaneros”  que la UE no debería tener problema en negociar. “La alternativa es que no haya ningún acuerdo. No es lo que queremos, pero estamos preparados para esa posibilidad”, ha proclamado el político conservador.

El Gobierno irlandés ha reaccionado de inmediato para calificar de “inaceptable” un plan a medida de las exigencias de los euroescépticos que trocea a su gusto las reglas del mercado interior. “Propone escoger ciertas reglas del mercado interior para que las cumpla Irlanda del Norte, pero no todas. Y plantea un límite temporal a la solución, algo que de nuevo es inaceptable”, ha dicho Helen McEntee, la ministra irlandesa para Asuntos Europeos.

La propuesta para Irlanda del Norte de Johnson contiene aún muchos condicionantes y es un punto de partida que, en los últimos tres años, nunca ha convencido al equipo negociador de Bruselas. En primer lugar, rompe con la idea defendida hasta ahora de que la frontera entre las dos Irlandas debe permanecer completamente invisible para preservar la paz alcanzada en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. La necesidad de establecer nuevos controles aduaneros, aunque Downing Street sugiera que puedan hacerse con declaraciones desde el punto de origen, o en instalaciones muy alejadas de la frontera, supondrá un nuevo foco de tensión. La violencia en el Úlster sigue latente y cualquier instalación que recuerde vagamente que la isla sigue partida en dos sería un reclamo para las fuerzas violentas.

Además, Londres reclama para su plan una serie de excepciones aduaneras entre Irlanda del Norte y la UE que Bruselas no ha estado hasta el momento dispuesta a contemplar.

Estos son los principales puntos de la propuesta:

Aduanas

Desde el primer momento, Irlanda del Norte abandonará el territorio aduanero de la UE junto con el resto del Reino Unido. No habrá una salvaguarda. Una vez concluido el periodo de transición, en 2021, el país tendrá plena libertad para negociar sus propios acuerdos comerciales con otras naciones. Esto requerirá controles aduaneros entre los dos territorios irlandeses. La propuesta contempla evitar en la medida de lo posible controles físicos. Apunta a un sistema basado fundamentalmente en declaraciones de aduanas cumplimentadas en el punto de origen y destino de las mercancías. Los productos transportados bajo esa premisa ya estarían bajo control de las autoridades, sin necesidad de comprobaciones en frontera. “Un reducido número de controles físicos que se llevaran a cabo bien en las propias instalaciones de las empresas, bien en otros puntos de la cadena de transporte”, indica Johnson en la carta que ha remitido al presidente de la Comisión Europea. Si la UE no garantiza excepciones en blanco, basadas en la buena fe de las partes, las empresas se verán obligadas a sellar y dotar de códigos de barras a sus contenedores, a no ser que echen mano de un servicio llamado “comercio de confianza” (trusted traders). Serían empresas de transporte con reputación acreditada que agilizarían los trámites y evitarían retrasos.

IVA

El Gobierno británico exige que Irlanda del Norte quede exenta del IVA europeo y desaparezcan por tanto sus controles. Será un escollo muy importante en las negociaciones de las próximas horas.

Mercado interior

Downing Street propone que Irlanda del Norte permanezca completamente alineada con el mercado interior europeo en cuanto a sus productos agroalimentarios y manufacturados. Obedecerá las reglas actuales y las futuras, y se someterá a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia. El nuevo régimen durará cuatro años, desde el fin del periodo de transición (2021) hasta el 2025. Supondrá un nuevo sistema de control aduanero y fronterizo en el mar de Irlanda, entre las dos islas. Será preciso desarrollar nuevos sistemas que faciliten las declaraciones de bienes antes del transporte. Después de cuatro años, la Asamblea de Irlanda del Norte podrá decidir si mantiene ese estatuto o se sale de él completamente.

Reglas laborales, de consumo y medioambientales

El Reino Unido se ha comprometido a alinear sus leyes con las de la UE en materia de derechos laborales, de protección al consumidor y de defensa del medioambiente. Sin embargo, bajo la nueva propuesta no estaría vinculado legalmente a respetarlas. Lo mismo sucedería con Irlanda del Norte. Los negociadores británicos confían en que un territorio tan pequeño como el Úlster no cause mucho quebranto a Bruselas en su celo por preservar la homogeneidad del mercado interior.

Consentimiento de Irlanda del Norte

La propuesta de Johnson implica que cualquier decisión deba contar con el visto bueno del Ejecutivo y del legislativo norirlandés. Dice el texto: “Antes de que culmine el periodo de transición, y cada cuatro años después de esa fecha, el Reino Unido ofrecerá a la Asamblea de Irlanda del Norte y a su Ejecutivo la oportunidad de dar su consentimiento democrático a las medidas propuestas. Si la decisión es la de ponerles fin, dejarán de estar en vigor, o desaparecerán transcurrido un año”.

Boris Johnson se la juega en su último envite, pero con red de seguridad. En primer lugar, siempre podrá echar la culpa a la UE si su intento de alcanzar un acuerdo fracasa. En segundo lugar, la cercanía del 31 de octubre ha comenzado a crear tal vértigo a ambos lados del canal que quizá logre de Bruselas la flexibilidad que hasta ahora le negaba. Y en tercero, si todo falla, tendrá la excusa perfecta para seguir adelante con la salida de la UE que prometió a sus seguidores.

Sigue habiendo muchos peros, sin embargo. Cualquier acuerdo con los 27 deberá ser sometido de nuevo a la Cámara de los Comunes. Johnson calcula que puede contar con el apoyo de la mayoría de los conservadores, de los diputados unionistas norirlandeses y de un puñado de laboristas que quieren dejar atrás como sea la pesadilla del Brexit.

El País

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