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La ciencia entra con fuerza en la campaña electoral argentina

El Gobierno de Mauricio Macri ha tenido en pie de guerra a la comunidad científica argentina durante buena parte de su mandato. El motivo más visible: los recortes presupuestarios. Los fondos para ciencia y tecnología pasaron del 0,35% del PIB en 2015 al 0,25% en 2019, según datos oficiales y del directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). El candidato opositor Alberto Fernández quiso capitalizar ese descontento con un gran acto de campaña el pasado miércoles en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Arropado por decenas de alumnos y académicos, defendió la educación pública y la inversión en ciencia, y recibió un documento de respaldo firmado por más de 8.000 investigadores.

Fernández prometió que, de llegar a la presidencia del país sudamericano, volverá a restablecer el Ministerio de Ciencia y Tecnología, degradado por Macri al rango de Secretaría. “Crecí con la idea de hacer un país que deje de expulsar a los valiosos. Vivimos en un mundo donde la riqueza de un país está dada por su conocimiento. Invertir en conocimiento no es un gasto, es la mejor inversión”, afirmó el candidato del peronista Frente de Todos, en el que comparte fórmula electoral con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. El kirchnerismo impulsó un programa de repatriación de científicos al que se acogieron en promedio un centenar por año, pero la cifra se desplomó en los últimos años: regresaron 17 en 2017 y 32 un año después. El divulgador matemático Adrián Paenza se mostró junto al candidato y presentó un multiplicador de votos para derrotar a Macri entre las risas y los aplausos de los presentes.

El acto hubiese quedado en una mera muestra de respaldo de la comunidad científica a Fernández de no ser por la mención del candidato a una científica partidaria de Macri. “A ningún investigador nunca le voy a preguntar cómo piensa ni a quién vota. Así que, Sandra Pitta, no tengas miedo, te prometo que te voy a cuidar como a todos ellos, porque vos valés mucho. Igual que todos ellos”, declaró el ex jefe de Gabinete en los Gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Sus palabras respondían a un tuit de la investigadora del Conicet en el que expresaba su temor a ser expulsada del organismo público si ganaba la oposición y anunciaba que prefería abandonar el país a tener miedo.

El teléfono de Pitta comenzó a sonar sin descanso con mensajes de familiares, amigos, colegas y periodistas. Y la científica salió al cruce del candidato con duras críticas: “Ahí, en la Facultad donde ejerzo mi profesión de investigadora, me nombró para decirme que me iba a cuidar. ¿Cuidar? ¿Acaso estoy en peligro? ¿Corresponde que en medio de esa multitud aplaudidora me sirviera en bandeja para que me destrozaran?”, escribió la doctora en biotecnología en una columna de opinión en el diario digital Infobae. “Nombrar en un acto de esas características a un ciudadano común y corriente es un acto fascista. Una cobardía”, denunció Pitta.

La investigadora fue una de las 150 firmantes de una carta a favor de la coalición gubernamental Juntos por el Cambio, aunque ha cuestionado en varias ocasiones la política científica del macrismo.

Al asumir, Macri mantuvo en su cargo al ministro de Ciencia y Tecnología kirchnerista, Lino Barañao. La excepción fue leída como un reconocimiento a la política del anterior gobierno, pero las diferencias comenzaron enseguida. Un año después ya se habían reducido a la mitad las plazas de nuevos investigadores en el Conicet, considerada la mejor institución gubernamental de ciencia en América Latina, según la última clasificación de la evaluadora internacional Scimago. En la última convocatoria quedaron fuera el 80% de los 2.595 investigadores que se habían presentado.

“Esto produce una terrible desilusión en estos jóvenes que se han formado durante casi 14 años y en los que el Estado argentino, es decir, todos nosotros, invertimos en su formación. Algunos se presentaban por segunda o tercera vez. Han quedado afuera jóvenes con más de 90 puntos”, cuestionaba entonces la doctora en Ciencias Químicas Ana María Franchi, directora de un centro de investigación especializado en reproducción humana.

Poco después de recibir el premio Princesa de Asturias 2019, la bióloga argentina Sandra Díaz advertía de las condiciones de trabajo “extremadamente difíciles” de la comunidad científica en el país sudamericano. “Creo que Argentina tiene un sistema científico del que tenemos que estar orgullosos, basado en la educación pública y con una gran trayectoria en Latinoamérica. Pero últimamente la situación de asfixia de la ciencia pública es alarmante”, subrayó en una entrevista telefónica. La campaña contra la desfinanciación incluso ha traspasado fronteras con una carta firmada por investigadores de todo el mundo, entre ellos once premios Nobel.

El País

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