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La expectativa de una mejora económica impulsa a Bolsonaro

El presidente ultraderechista, Jair Bolsonaro, elegido con el 55% de los votos en Brasil, prioriza una agenda que cuenta solo con el apoyo fiel del 14% de los brasileños, según el Instituto Datafolha. El militar en retiro ha decidido arrancar su mandato impulsando el facilitar el acceso a las armas y la lucha contra lo que él denomina el “adoctrinamiento marxista en los colegios”. De esta forma, en dos semanas de presidencia, mantiene una posición fiel — aunque más moderada en el discurso— a la que tuvo cuando ocupaba un escaño del Congreso.  Temas como estos están lejos de tener un rotundo respaldo entre la población. Siete de cada diez brasileños no quieren facilitar el acceso al armamento y están en favor de las discusiones políticas en las escuelas. Aun así, el nuevo gobierno despierta grandes expectativas en materia económica entre los brasileños.

Los estudios divulgados por el Instituto Datafolha en las últimas semanas apuntan a un distanciamiento entre la agenda defendida por Bolsonaro y la opinión pública brasileña. Los politólogos consideran que esta diferencia no provocará grandes contratiempos en la relación del presidente con el Parlamento nacional, que históricamente se mueve conforme a la opinión pública, pero sí le añadirá más presión a un Gobierno que ya está en el centro de atención por las investigaciones a un exempleado de Flávio Bolsonaro, hijo del presidente, por posibles irregularidades. La delgada cuerda en la que se equilibra Bolsonaro se romperá si el Gobierno fracasa en dar la respuesta económica prometida en los primeros seis meses de gestión.

Hace 24 años que la población no estaba tan optimista en lo que respecta a la economía. Los datos de Datafolha muestran que la previsión de mejora económica para los brasileños ha aumentado 42% los últimos cuatro meses. Existe la expectativa de que la inflación y el paro disminuyan en el nuevo Gobierno y que el poder adquisitivo aumente. Bolsonaro no ha presentado acciones concretas para responder a dicha expectativa, y sus primeros días de Gobierno se vieron marcados por varios malentendidos con su equipo económico. El presidente prefiere librar una batalla ideológica en diversas áreas de la administración pública, pero la opinión pública no parece demasiado interesada en esa lucha.

La primera encuesta de Datafolha que ha medido la penetración del bolsonarismo en la sociedad consultó a los brasileños sobre las 13 tesis principales que defiende el presidente. Las respuestas arrojaron tres grupos de bolsonaristas: heavy o intensos, quienes están de acuerdo con al menos nueve de las tesis. Estos solo representan el 14% de la población brasileña. Los medium o medianos, que comparten entre cinco y ocho tesis y corresponden al 55% de la población. Y los light o ligeros, el 31% de la población, que avala un máximo de cuatro tesis.

Bolsonaro coincide con la población solamente en dos de sus 13 principales banderas: el control de la inmigración y la propuesta de reducir la mayoridad penal de 18 para 16 años. Temas como reducir las tierras indígenas, privatizar las empresas estatales, disminuir los derechos laborales, prohibir la educación sexual en las escuelas, priorizar la relación con Estados Unidos y facilitar el acceso a las armas de fuego son rechazadas por la mayoría de los brasileños.

La encuesta consultó a 2.077 personas los días 18 y 19 de diciembre y tiene un margen de error de 2%. El ejercicio sirve de termómetro para entender la relación del presidente con la sociedad. “El grueso de la población rechaza la mayor parte de los temas. La principal medida del presidente hasta ahora ha sido el decreto de las armas, pero los brasileños no están de acuerdo con ella: el 68% la rechaza. Bolsonaro prioriza en sus primeras semanas la agenda de sus votantes más fieles y se olvida de las mayorías”, analiza el director del Instituto Datafolha, Mauro Paulino.

Algunos politólogos consideran que aún es muy pronto para medir el apoyo popular ya que Bolsonaro todavía no ha conseguido exponer sus propuestas reales ante los brasileños. “Estamos en una fase de mucho discurso y muchas redes sociales, pero todavía no ha habido propuestas concretas al Congreso. Lo que hay en este momento es una sensación de desconfianza de la población, nada más”, analiza el profesor de la UNESP, Álvaro Martim Guedes.

La popularidad de Bolsonaro, aupado a la presidencia principalmente por la antipatía hacia el Partido de los Trabajadores, se verá puesta a prueba por las respuestas que pueda brindar a los problemas de los brasileños, opina el profesor de la Universidad de Brasilia, Rodolfo Teixeira. “La población estuvo muy mal informada durante la campaña porque el programa del presidente era sucinto, con muchos tópicos que no ahondaban en los temas. No me sorprende que no estén en sintonía con la agenda del actual presidente. Brasil es conservador, pero hay puntos en su agenda que son bastante cuestionables y poco factibles”, dice. “Bolsonaro tiene entre seis meses y un año para mostrar mejoras significativas en la economía. Y tendrá problemas para lidiar con temas como la reforma laboral, la reforma de las pensiones y las privatizaciones. La población está más preocupada con el tamaño del Estado y con lo que él se propuso hacer, que es reducir el gasto público”, agrega Teixeira.

El País

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