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La liberación de la capitana Rackete, una enmienda judicial al salvinismo

Una mujer de 31 años y la maniobra de un barco de 600 toneladas en el puerto de Lampedusa en plena madrugada del sábado han desmontado una farsa política que duraba desde hacía más de un año. Los puertos de Italia no están cerrados. O, al menos, no podrían estarlo. El problema migratorio sigue sin resolverse, pese a la propaganda del Ministerio del Interior italiano. Y lo más relevante, rescatar a náufragos en el Mediterráneo no es ningún delito, sino un deber. El auto que desestima la mayoría de cargos contra Carola Rackete, la capitana de la nave Sea Watch 3 que el sábado atracó en Lampedusa con 40 inmigrantes a bordo, supone un golpe directo a la mandíbula política de Matteo Salvini. Otra cosa, claro, son los sondeos, que vuelven a sonreírle desde que se inició el conflicto.

La capitana le ha ganado la primera partida al Capitano (como conocen a Salvini sus seguidores). La juez Alessandra Vela, autora de la instrucción preliminar, fue muy clara respecto a las acusaciones contra Rackete. “El deber de socorro no termina en el mero embarque a bordo de náufragos, sino en su conducción a un puerto seguro”. Una frase que tritura la propaganda del último año salida del Ministerio del Interior y deslegitima el decreto Seguridad Bis, la mayor obra legal de Salvini que contiene todo un repertorio de instrumentos jurídicos para multar y encarcelar a los responsables de las ONG que rescatan a migrantes en el Mediterráneo central. Las palabras “puerto seguro”, además, ponen de relieve que no es posible conducir a los inmigrantes de nuevo a Libia, como reclama el ministro.

La juez, además, considera que las disposiciones que contiene dicha norma no son aplicables a las acciones de rescate. Todo ese articulado, por tanto, está edificado sobre una premisa errónea. “La prohibición interministerial prevista (de ingreso, tránsito y atraque) puede aplicarse, siempre en el respeto de las obligaciones internacionales del Estado, solo respecto a actividades de carga y descarga de personas violando las leyes vigentes en las circunstancias que no concurra una hipótesis de rescate en el mar o de riesgo de naufragio”. Es decir, casos de tráfico de inmigrantes.

Salvini echaba humo en el momento de conocer la decisión y acusó a una parte de la magistratura de “hacer política” y de tomar una decisión de “vergüenza”. “[Rackete] ha violado las leyes. Ha puesto en peligro la vida de algunos militares y ahora está libre. Vuélvete a Alemania a causar problemas allí y a poner en peligro la vida de quien defiende el país”, bramó en Twitter. La Asociación Nacional de Magistrados le contestó poco después en una nota, donde le acusa de sembrar “un clima de odio demostrado ya en los miles de post en redes sociales” dirigidos contra magistrados. La jueza Vela ha tenido que borrar todos sus perfiles de las redes sociales debido al linchamiento que estaba sufriendo.

Pero el ministro del Interior domina mejor que nadie la dramaturgia política y, en realidad, ya preveía que Rackete podía quedar en libertad y había preparado un decreto de expulsión del país. Una decisión que hubiera proporcionado una imagen potente para contrarrestar su fracaso en el plano judicial. Pero la magistrada de Agrigente también rechazó firmar ese decreto. Como mínimo hasta el 9 de julio, cuando la comandante del Sea Watch 3 se presente a declarar por los delitos que todavía se le imputan por favorecer el tráfico ilegal de personas. Rackete puede hacer lo que le dé la gana hasta entonces.

La realidad jurídica y la social caminan de forma paralela en Italia. Y la ventaja con la que cuenta el líder de la Liga es que cada vez que se produce un suceso con inmigrantes, él obtiene un rédito político: sea cual sea el desenlace. El primer efecto del caso Sea Watch en los sondeos que alimentan cada movimiento de la Liga ha sido positivo. En la última semana, el partido ha ganado 0,7 puntos y su apoyo se sitúa en el 38%, según la encuesta semanal que realiza SWG para el Canal 7. Una cifra monumental que permitiría empezar a pensar en abandonar el Gobierno de coalición formado con el Movimiento 5 Estrellas y comenzar una aventura por su cuenta. El PD, en cambio, que trató de rentabilizar de manera inversa el suceso subiendo al barco y pidiendo la liberación de la comandante, se ha quedado clavado en los sondeos y su aceptación entre los electores no mejora desde hace semanas. Cuando Salvini conoció los datos, recuperó la sonrisa y dio las gracias a la capitana Rackete.

EL País

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