La lucha científica contra el cáncer de mama

Palestra: Eduardo Vázquez Reyes

A pesar de los avances en la investigación en torno al cáncer en general y al cáncer de mama en particular, aún no podemos hablar de un progreso altamente significativo en la materia. Y la razón de fondo es la existencia de una fractura más que patente, de una fragmentación entre las disciplinas científicas que lo estudian en los laboratorios y los tomadores de decisiones, es decir, la clase política encargada en generar y diseñar iniciativas que logren insertar, en la mejor medida, los resultados que emanan de los centros e institutos de investigación a nivel federal y estatal. El diálogo y una estrategia compacta entre ambos sectores para combatir este y otros padecimientos graves es una realidad, pero dentro de otro mundo posible, uno al que no tenemos acceso todavía.

Con todo, las acciones tanto de la academia como de algunos sectores institucionales son visibles. Sería un error y una injusticia decir que no hay programas definidos para este combate gestados y emprendidos hace algunas administraciones gubernamentales pasadas. Los hay. También es cierto que tenemos una labor interdisciplinar y trasversal en los centros de investigación, por ejemplo de la Universidad Veracruzana. Pero− me temo− que falta un trabajo intersectorial que una ambos terrenos: el progreso científico y la práctica clínica que responde a una estructuración política y, cabe decirlo, burocrática.

Una de las campañas que a nivel internacional− replicadas en Latinoamérica y México− se han puesto en práctica para el combate contra el cáncer de mama es el denominado “Octubre Rosa” (#OctubreRosa). Con este se intenta sensibilizar a la población con respecto a esta enfermedad y, a su vez, promover y fomentar la cultura de la prevención. Si nos retrotraemos en la historia de la ciencia, en 1983 en Texas, Estados Unidos, se realizó la primera carrera para combatir esta enfermedad. Desde aquel entonces, año con año este mes ha sido una representación de los esfuerzos por coadyuvar a la sociedad ante un problema planetario y global como este. A partir de esto, el 19 de octubre quedó asentado como el “Día Mundial de la lucha contra el Cáncer de Mama”. Pero antes y después de esta fecha (refiriéndonos al antepenúltimo mes del año) se llevan a cabo actividades en el marco de esta conmemoración.

Lo que en efecto es una realidad es que este tipo de cáncer representa una de las principales causas de fallecimientos en mujeres en Latinoamérica y México. De acuerdo con una investigación de la revista National Geographic, basada en datos de la Organización Mundial de la Salud: “El cáncer de mama es el tipo de cáncer más común y la segunda causa de muerte por cáncer entre las mujeres de América. Cada año se producen en esta región más de 462,000 casos nuevos y casi 100,000 muertes por cáncer de mama”.

Esto significa que aún el camino que la ciencia médica tiene que recorrer es vasto. El panorama se pinta complicado, en términos contemporáneos. ¿Qué es lo que falta para tener un avance significativo ante este padecimiento si dentro de los centros de investigación no se ha dejado de analizar y ser uno de los temas principales?

Sin duda, por lo menos en el caso de México, la respuesta está en la creación de un modelo interdisciplinar, transversal e intersectorial que agrupe el binomio ciencia-política. Es necesario tomar en cuenta varios frentes, desde la cultura científica y médica dentro de la población, la socialización de estos conocimientos por parte de los especialistas y, más que nada, el diseño de políticas públicas en materia de salud que entrecrucen para su aplicación estos elementos. Esta interconexión debe ser una realidad. Una sociedad sin ciencia está condenada a la involución; un progreso en la ciencia sin una buena gestión política es una utopía.

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