Agendistas

Nada de lo humano me es ajeno

Jorge Flores

Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal.
Tomás de Aquino

Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer a un hombre avaro, debo reconocer que al principio no lo reconocí como avaricia, podía pasar por una persona ahorrativa, muy bien administrada o se puede decir que austera al límite. Fue hasta que lo vi contar su dinero que comprendí que se trataba tan solo de un avaro. Su cara cambió, una felicidad irracional en contar y volver a contar uno a uno los billetes desfiguró la expresión de su rostro. Era la misma persona, pero de alguna forma que no es fácil de explicar, era irreconocible.
El avaro todo lo tasa en dinero: la amistad hasta que sea mejor negocio traicionarla, la lealtad siempre como un pagaré, el amor un interés y la vida misma un gasto insoportable día a día.

Tengo claro que el dinero es muy importante en nuestra vida, pero solo en la medida que encontremos en este un medio para mejorarla. Es increíble, pero nuestras posesiones no nos pertenecen, solo se trata de un vínculo de propiedad que dice que son nuestras, pero en realidad, si no somos precavidos, es el dinero el que nos posee y esclaviza. Es la trampa de todo lo que deseamos excesivamente, es el vicio capital que nos comenta Tomás de Aquino.

En otras cosas, últimamente he leído sobre los orígenes de la vida y la evolución del hombre desde los primeros homínidos hasta nosotros, el Homo Sapiens Sapiens. Existen diversas teorías que casi explican todo, el milagro de la vida es increíble, prácticamente somos átomos y moléculas que configuran un código biológico casi indescifrable, que lo podemos analizar hasta la primera célula que, por procesos químicos, se replica a sí misma y en miles de millones de años de evolución, la misma materia se vuelve consciente de si misma.

Nuestro cerebro es química, la salinidad de nuestra sangre es igual a la del agua del mar como prueba evolutiva que de ahí venimos, lo mismo sucede con nuestras lágrimas, son iguales a una gota de mar. Podemos medir, analizar, hacer pruebas de laboratorio y concluir que no somos otra cosa que química, pero hasta el día de hoy, nadie sabe porque lloramos, o que hace que nos conmovamos con la bondad y la belleza.

Nos puede conmover el amor de una madre a su hijo, uno de los actos más maravillosos de la naturaleza, posiblemente también escuchar música, leer un poema, ver un cuadro o ser testigos de la increíble bondad de la que como seres humanos somos capaces. Posiblemente nos haya conmovido el sufrimiento de otro o la sencilla reacción de amor de nuestra mascota. Puede conmovernos lo bello o lo bueno, nunca el vicio, la maldad o la depravación.
Estoy seguro de algo, yo no me puedo conmover con la sentencia del Chapo, es más, por el contrario, me alegra que un asesino que envenenó a millones de jóvenes, abusó de menores y disfrutó de su maldad sin limite, pase el resto de su vida y 30 años más en la peor de las prisiones.

Una vez leí que el diablo era el mayor de los humanistas, él nos amaba, decía, con nuestros vicios y depravaciones, en cambio, Dios era el gran sádico, nos había otorgado el don de disfrutarlas, pero en su infinito sadismo, jugaba con nosotros prohibiendo que las gozáramos.

Nuestro presidente dice que él como “humanista” lo conmueve la sentencia que recibió El Chapo. Solo espero que no llegue el día que piense que además de “humanista” también puede ser un sádico dios.

No me espanto, nada de lo humano me es ajeno, pero la maldad nunca me conmoverá.

Jorge Flores Martínez
Jorgeflores1mx@me.com

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