Agendistas

No puede continuarse así

No es no. Y si no dices que sí, también es no.
Y si llevabas falda e ibas arreglada, también es no.
Y si intentas seguir con tu vida pese al miedo, también es no.
Y si alguien intenta hacerte a ti culpable, la respuesta es no.
“La vecina rubia. (Influencer)”

Discutible para muchos, justificada para otros, el hartazgo se hizo presente de forma dura, contradictoriamente violenta. Sin embargo se coincide, se asume que la situación en la que se vive diariamente no puede continuar como hasta ahora, que la violencia contra las mujeres es injustificable, que debe ser rechazada, cuestionada en todas sus manifestaciones.

Al menos en México, hay que luchar contra la condición de un país que en muchos pasajes de su historia parece enorgullecerse de su machismo, una forma de las peores expresiones de una sociedad que no evoluciona, que no logra despojarse de sus yerros por más emblemáticos y tradicionales que sean.
La RAE define machismo como “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”, y “Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón”.

Claro que el machismo existe en todo el mundo, pero mientras en otros países es una conducta marginal o es ocultado, disimulado por vergonzoso, en nuestro país es aceptado socialmente como un valor de hombría, de masculinidad, incluso por las mujeres. El macho mexicano tiene ganado un sitio de reconocimiento en la cultura de nuestro país, en la educación familiar. Tanto como criticable es no serlo. Romper estos estereotipos es una de las tareas más difíciles de realizar.

El machismo debe tener todas las oposiciones, pues es el inicio de la violencia contra las mujeres, que no solo refiere esas conductas oprobiosas que lastiman físicamente y matan, sino esas cotidianas de los acosos diarios “porque nos lo permiten nuestras tradiciones, porque las mujeres son segundonas en sus trabajos y salarios, porque las mujeres no son iguales a los hombres”. Y sobre eso se forjan los agravios y no los reconocimientos.

Día con día las historias estrujan en esa violencia desbordada de dolor y muerte, de humillaciones que pasan impunes en todo nuestro territorio y donde la atención gubernamental dista mucho de estar a la altura de estas circunstancias, como una muestra más del deterioro social e institucional, caracterizado por simulaciones evidentes, de atención que no es.

El enojo, la furia de las malas experiencias por parte de delincuentes y autoridades omisas. El dolor de los agravios, la desesperación, la desesperanza, se entienden en los datos son duros y dan cuenta de porqué los hartazgos de sectores de mujeres que se manifiestan en agotamientos ante los silencios y acciones cómplices para no dar salidas a una cotidianidad arbitraria y dolorosa.

– Cada día 9 mujeres son asesinadas en México (ONU).

– De enero a julio se registraron 563 feminicidios en el país. Cifras del SESNSP.
– Solo en Veracruz, de enero a julio se registraron 120 feminicidios-
Xalapa, Coatzacoalcos, Córdoba y Veracruz están entre los 10 municipios con mayor número de feminicidios a nivel nacional ocupando el segundo, el quinto, el octavo y noveno lugar respectivamente.

– De 2013 a 2018, la sensación de inseguridad de las mujeres pasó de 74.7 % a 82.1% (INEGI. ENVIPE 2018).

– La violencia que ejercen parejas, esposos, exnovios o exesposos contra las mujeres en México es “severa y muy severa” en 64% de los casos.

– En 2016 la violencia doméstica hizo perder a cada mujer 29.7 días de trabajo remunerado (INEGI).

Hace algunos meses escribía:

“La violencia conquista espacios, la inseguridad ahoga sueños y define nuestros temores, acaba ilusiones y destroza esperanzas. Somos una sociedad hundida en el pesar omnipresente, nadie está ajeno a las vicisitudes de un ambiente marcado por nuestras peores pesadillas, voces de dolor, hechos terribles tocan nuestras puertas y socavan nuestra vida cotidiana.

Nos hemos convertido en individuos y sociedades desconfiadas, temerosas, que se resguardan tras sus puertas en el afán último e íntimo de que detrás de ellas no pase más.

El dolor nacional ante los hechos que nos conmocionan a todos, se ha recrudecido en un sector que requiere mucho más que las alertas de género. El sector mayoritario de connacionales, las mujeres, requiere compromisos sociales, culturales, educativos que desactiven, erradiquen la vorágine de odio y desprecio hacia ellas, presente y expresado en violaciones y homicidios que dejan claro nuestro atraso, nuestro acendrado machismo”.
Lo reitero dolorosamente.

LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

La tragedia amazónica duele, preocupa y nos exige un cambio de relación con la naturaleza.

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