Agendistas

¿PatriarcAMLO?

Denise Dresser

¿Acaso Andrés Manuel López Obrador es un sexista? ¿Un machista? ¿Un reproductor de hábitos patriarcales? ¿Acaso el Presidente no cree en la responsabilidad del Estado para apoyar y proteger a las mujeres de México? ¿Prefiere otorgarle más recursos a la promoción del beisbol que a la protección de las víctimas de violencia? ¿Prioriza la construcción de trenes y refinerías a costa de estancias infantiles y refugios para quienes huyen de casa, con los ojos amoratados y los labios partidos, y no tienen a donde ir? ¿Va a usar su autoridad para echar abajo los avances que se han logrado en nombre de la equidad? ¿O es que la 4T se trata tan solo de distribuir dinero para crear clientelas pero no para asegurar derechos?

Increíble que en un país dirigido por la izquierda tengamos que hacer estas preguntas. Increíble que decisiones recientes exhiban a un gobierno que dice empoderar a las mujeres, pero por lo visto sólo a las que forman parte del gabinete. Un gobierno que presume la paridad pero en el presupuesto -aprobado por las diputadas de Morena- recorta las áreas de igualdad de género. Un equipo que ignora la evidencia, los datos, las evaluaciones que existen sobre los beneficios que proveen las estancias y las vidas que salvan los refugios. Usando el pretexto político de malos manejos y corrupción que sin duda han existido en algunos casos, pero ciertamente no en todos. Diseminando la narrativa mentirosa sobre organizaciones de la sociedad civil que robaban recursos en lugar de cuidar niños o salvaguardar vidas, cuando mayoritariamente no es así. El Análisis del Programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social señaló que el 93.9% de los beneficiarios consideró que les brinda la posibilidad de contar con empleo, salud mental, ingresos. Y los refugios todos los días salvan vidas.

Pero eso al Presidente no le importa. Eso a las feministas ausentes de la 4T no les preocupa. Quienes parecen haber subcontratado el cerebro y sacrificado las luchas por los derechos civiles en aras de la “transformación”, creen lo que su padre y patriarca les cuenta todas las mañanas. Esa historia de “hay que terminar con transferencias que crearon un gobierno paralelo”. Esa narrativa detrás de la circular firmada por AMLO en donde se ordena no entregar recursos a “ninguna organización social, sindical, civil o del movimiento ciudadano, con el propósito de terminar en definitiva con la intermediación que ha originado discrecionalidad, opacidad y corrupción”. Una circular que anuncia la política social del nuevo gobierno: recortar programas que sí funcionan, desmantelar redes de seguridad social que son indispensables, debilitar instituciones en lugar de fortalecerlas o mejorar su funcionamiento. El Estado garante de derechos sustituido por el Estado distribuidor de dinero. El Estado del bienestar reemplazado por una estrategia netamente clientelar.

Porque no hay manera de interpretar o justificar lo que se pretende hacer más que como lo que es. Política electoral disfrazada de política social. Política para la construcción de clientelas disfrazada como lucha contra la corrupción. El combate a la intermediación sustituido por la personalización. Este viraje no está diseñado para fortalecer el andamiaje institucional o eficientar el combate a la desigualdad o construir trampolines de movilidad social o fortalecer al Estado. El beneficiario de la conversión del gobierno en cajero automático es el Presidente. Quienes recibirán el dinero en efectivo se lo agradecerán a él. Quienes obtengan apoyos votarán por quien se los entregó directamente.

Triste paradoja: la izquierda del siglo XXI recrea lo que fue el Estado del siglo XVIII; lo reduce a una sola persona que controla, distribuye, ordena, decide quién merece recibir y quién está condenado a morir, como las mujeres que no tendrán donde refugiarse cuando un hombre las golpee. Ahora el Estado -y lo admitió sin recato la secretaria de la Función Pública- es AMLO: “L’État c’est lui”. La Cuarta Transformación edificada sobre lo que Claudio Lomnitz llama “Estatolatría”; el Estado como instrumento de un hombre; el Estado sin instituciones funcionales pero con poder unipersonal. México no vive la primavera de los derechos o la ciudadanización, sino el otoño del patriarca.

El Siglo de Durango

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