Nacional

Política desigual contra la pobreza

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Uno de los mayores retos de la nueva administración es reducir la gran diferencia económica que existe entre el norte y el sur de México. Mientras que el norte tiene un nivel de desarrollo que se acerca paulatinamente al de Estados Unidos, el sur permanece estancado con algunas excepciones, como son Playa del Carmen y Cancún.

La diferencia no es sólo el ingreso que recibe la gente, sino la educación, la salud, el desarrollo social y, en general, las condiciones de vida en que viven las mayorías. Además, la población en pobreza extrema se concentra en el sur de la República.

En este contexto se entiende la inversión en proyectos tales como el tren maya, la nueva refinería y el corredor del Istmo de Tehuantepec. Con esta infraestructura se puede comenzar a reactivar el empleo y revertir el atraso de los estados en donde se realizarán las obras.

Sin embargo, hay un proyecto que va en sentido contrario a esta política y me refiero al desigual trato que recibirán el centro y sur de la República en materia de apoyos fiscales, subsidios y salarios frente a la frontera norte. Mientras que en la zona más cercana a Estados Unidos se fija un salario mínimo preferencial, se cobran impuestos reducidos (IVA e ISR) y se vende gasolina a un bajo precio, en el resto del país la población paga tasas más altas de impuestos y de hidrocarburos.

Esto significa que las nuevas empresas en lugar de instalarse en el sur o el centro preferirán invertir en el norte. Incluso a los empleados de las secretarías de Estado y oficinas federales que se van a descentralizar les convendrá más irse al norte que al sur de la República, porque sus ingresos les rendirán más al pagar menos dinero por lo que consumen.

Si de lo que se trata es de apoyar al sur con una política preferente, los estímulos que se ofrecen en el norte tendrían que aplicarse en el sur, lo que generaría el interés de personas físicas y empresas para invertir y vivir en lugares como Campeche, Yucatán o Quintana Roo, ya que además de las obras de infraestructura, la región sur requiere de mayores estímulos para reducir la brecha económica que se presenta con el norte.

La Jornada

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