Agendistas

Sanas resistencias

Federico Reyes Heroles

Un gobierno -si desea el éxito- debe ir mucho más allá de lo que cruza por una sola cabeza. Ha habido casos sonoros de prepotencia y terquedad: Churchill. Pero terminó escuchando. Otros han sido por naturaleza proclives al trabajo de equipo: Obama. Más mentes piensan mejor. Dormiríamos más tranquilos si estuviéramos ciertos de que AMLO escucha, matiza y corrige.

Carlos Urzúa dio batallas muy importantes. A él debemos un despegue ordenado. Los enemigos internos fueron mellando su capacidad de acción y dignamente dejó el puesto diciendo lo que pensaba. Su caso, sumado a la extensa renuncia de Germán Martínez al IMSS, encendió la esperanza de que -por el bien del país- AMLO encuentre al interior resistencias reales que lo ayuden a ponderar sus actos. Porfirio Muñoz Ledo ha sido muy crítico de la política migratoria. Los que dejen al Presidente de México solo en sus andanzas, estarán traicionando el mandato de entregarse al país y no a una persona.

Arturo Herrera, al igual que Urzúa, entiende de números y sabe que la responsabilidad social de la gestión tiene que ir de la mano de la responsabilidad financiera. Lo peor para los más pobres sería crisis que siempre los hiere. Una inflación fuera de control condena a los asalariados a perder capacidad adquisitiva. El desempleo es un flagelo en sí mismo y caldo de cultivo de degradaciones sociales. Pero Herrera, de cuya cercanía con el presidente no hay duda, ha dado varias muestras de que es capaz de tener diferendos públicos con otros miembros del gabinete y con el propio AMLO. En marzo hubo una discusión sobre el futuro de Dos Bocas y su precio. El presidente desmintió al subsecretario. El hecho es que Dos Bocas podría ser uno de los tropiezos mayores de la gestión, los números no cuadran. Herrera hizo bien en advertirlo.

Otro segundo episodio se dio en abril cuando el entonces subsecretario, con un gran sentido común y enfrentando la siempre postergada necesidad de incrementar la recaudación, rescató el tema de la tenencia de automóviles, un impuesto antiguo, progresivo y altamente eficaz. Tiene toda la razón, si eliminamos los impuestos progresivos entregaremos un país más injusto. Herrera también habló del predial, un impuesto madre que podría darnos hasta 3% del PIB, (México recauda por este concepto algo así como el 0.2%). De nuevo vino el desmentido presidencial.

El más reciente episodio se dio después de que el presidente en entrevista con Bloomberg lanzara la idea de que sería conveniente una función dual para BANXICO: cuidar la inflación, pero también alentar el crecimiento. La discusión es compleja y muy delicada. Arturo Herrera no tardó en salir a atajar esa idea en El Financiero, parte del mismo consorcio. El “empujoncito” de más de 20 mdd. reconoce el grave problema. Nada al “requetebién”. No al “austericidio”.

De seguir así -si lo dejan- Herrera podría convertirse en un anclaje central, como lo fue Gil Díaz con Fox. Esa simple señal sería muy tranquilizante para inversionistas y mercados. Pero para ello se requiere que el presidente esté convencido de su utilidad. Por ejemplo, hace unos días se publicaron de nuevo los resultados de Índice de Gini para México. Sin novedad, nuestro sistema fiscal tiene una mínima capacidad de redistribución. Sin una reforma fiscal de fondo el país que entregará la 4T será igual o más injusto. Herrera puede ayudar preparando un paquete -ha habido muchas propuestas y hay ejemplos notables- de una reforma que fomente la inversión, impulse el crecimiento, genere empleo y sea capaz de redistribuir. Esa sí sería una gran aportación.

Lo que resiste apoya, dijo por allí un viejo sabio. Los que resisten no son enemigos. El presidente debería estar convencido de que necesita resistencias para calibrar sus acciones, resistencias en la prensa libre, en las críticas severas, en la sociedad civil, en sus colaboradores. Así servirá mejor a México. Sin resistencias el presidencialismo se degrada.

El Siglo de Torreón

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