Un vidrio se repara pero, ¿cómo revivir a las hijas o ayudar a las que violaron? Madres reclaman

Madres, hermanas e hijas de víctimas y sobrevivientes de feminicidio pidieron empatía y solicitaron a la sociedad que, ya sea que estén en desacuerdo o a favor de la protestas, no sean indiferentes a su dolor, pues hasta ahora se ha centrado la atención en los daños generados durante la marcha del pasado 16 de agosto en la Ciudad de México y no en su clamor de justicia.

“Esos vidrios rotos asemejan a las familias que estamos rotas, que estamos fracturadas. Esos vidrios se pueden volver a poner, pueden repararse, nosotros no. A nosotros ni pegando pedazo por pedazo nos van a volver a unir. No nos van a volver a reparar […] ¡Basta de criminalizarnos! ¡Basta de señalarnos! ¡Basta de juzgarnos! ¡Basta que el Estado y sociedad siga siendo omisa e indolente con nosotros! ¡Basta de revictimizarnos!”, expresó la señora Lorena Gutiérrez, quien se ha manifestado contra la violencia machista.

A Lorena le asesinaron brutalmente a su hija Fátima Quintana Gutiérrez, en la comunidad de Lupita Casas Viejas, Lerma, Estado de México, el 5 de febrero de 2015. La menor regresaba de la secundaria cuando fue interceptada por tres hombres quienes desde el primer momento la hirieron con una navaja en la cara y cuello, cada corte de 10 centímetros.

La llevaron a una zona boscosa donde la apuñalaron 90 veces, le fracturaron las muñecas, los tobillos, le dislocaron un hombro, le sacaron un ojo y le tiraron sus dientes. Con un cuchillo de bordes le abrieron su pecho 30 centímetros, y 10 centímetros en las entre piernas; la violaron y finalmente la mataron arrojándole tres piedras a la cabeza: una de 36 kilos, y otras de 32 kilos. Después la enterraron. Fátima tenía sólo 12 años con 8 meses de edad.

La familia de la pequeña no sólo no ha tenido justicia a más de cuatro años, sino que tuvo que dejar su hogar por amenazas y ahora viven desplazados.

El viernes 16 de agosto varios contingentes feministas y mujeres se concentraron en la Glorieta de Insurgentes, en la Ciudad de México, para manifestarse contra la violencia de género, la violencia policiaca, y la violencia institucional.

La denuncia de una menor de edad que acusó a cuatro policías de haberla violado dentro de una patrulla en la Alcaldía Azcapotzalco, y una adolescente abusada sexualmente por policías en el Museo Archivo de Fotografía, en el Centro Histórico, fueron los detonantes de la movilización convocada bajo el hashtag #NomeCuidanMeViolan; sin embargo, el reclamo iba más allá y no se limitaba a solo esos casos.

La protesta concentró a miles de mujeres en la Ciudad de México, pero también se extendió a lo largo del territorio nacional, en al menos una veintena de ciudades.

Aguascalientes, Campeche, Cancún, Chihuahua, Ciudad Juárez, Durango, Guadalajara, Guanajuato, Hermosillo, Mazatlán, Mexicali, Monterrey, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Saltillo, San Cristóbal, Toluca, Tlaxcala, y Xalapa registraron movilizaciones ese mismo día. En todas las manifestaciones se reprochaba la inacción y la pasividad de las autoridades en el tema de la violencia de género.

En la Ciudad de México el evento subió de tono hasta que un grupo de personas quemaron y provocaron daños en la estación del Metrobús Insurgentes y en la estación de Policía Florencia, ubicada a unos metros; además, realizaron pintas en las inmediaciones de la glorieta y en el monumento mejor conocido como “El Ángel de la Independencia”.

Durante la manifestación también se reportaron algunas agresiones a civiles, principalmente a varones, y a reporteros. Un video captó el momento en que un hombre –posteriormente identificado como parte de un grupo de choque e infiltrado– golpeó al reportero Juan Manuel Jiménez de ADN 40.

Los acontecimientos de inmediato provocaron un aguerrido debate en redes sociales. Diversos ciudadanos reprocharon los daños y criticaron a los grupos feministas y a la marcha. La irritación enfocada en los destrozos provocó la indignación de grupos feministas, de víctimas y de quienes apoyaban la marcha contra la violencia de género.

Ante la batalla librada y la polarización, algunas sobrevivientes y familiares de víctimas de violencia de género se pronunciaron al respecto. En entrevista con SinEmbargo y en sus propias redes sociales, lamentaron que la atención y las críticas se hayan extendido hacia toda la protesta y contra el movimiento feminista en general, aun y cuando los daños fueron cometidos por un puñado.

Otras víctimas, sí reprocharon que se emitieran duras críticas y se juzgara con severidad los actos, pues consideraron que los estropicios provocados “son el reflejo” de la rabia y enojo que se ha acumulado por años de inacción de las autoridades y por padecer un Estado indolente.

GRITO DESESPERADO

Para María del Carmen Sánchez Flores los destrozos en el inmobiliario público fueron el resultado de la furia y la indignación que tienen miles de mujeres y víctimas de la violencia de género por revictiminización que ha cometido el mismo Estado mexicano.

Carmen es una madre de familia de 35 años de edad que fue quemada con ácido por su ex pareja hace cinco años en Ixtapaluca, Estado de México. Con más de 50 cirugías en cara y cuerpo, Carmen –junto con otras víctimas de ataques– lucha ahora para que este tipo de agresiones sean castigadas con una mayor severidad en todo el país.

“Yo creo que esto es un grito de hartazgo, esto no es de apenas hace un año o dos años, esto ya viene de muchos años atrás, que las autoridades son omisas, porque para las autoridades sólo somos carpetas, solo somos un expediente más que no tiene voz. Yo estoy a favor, porque fue una unidad y muchas mujeres que ya están hartas que no nos ven, y no nos dan una solución”, opinó la activista sobre los actos del 16 de agosto.

Los disturbios fueron llamados de inmediato como actos vandálicos cometidos por “feministas radicales”.

Para Sandra Soto Azúa, hermana de Serymar Soto Azúa, joven mujer asesinada por su prometido, no se trató de un acto vandálico sino de un grito desesperado.

“El vandalismo es un acto delictivo cuyo fin es dañar por dañar, estos actos de protesta son respuesta a un Gobierno indiferente, corrupto y cínico. Es hartazgo y tiene como finalidad que el Estado nos responda y subsane sus errores. No es vandalismo porque lleva un fin de reparación y garantía para la sociedad”, consideró.

A raíz del asesinato de su hermana Serymar, Sandra ahora se dedica a visibilizar los casos de feminicidio y violencia de género en su estado por medio de la página “Los Machos Nos Matan en México” y también brinda acompañamiento a otras mujeres y familiares que han perdido a sus hijas, madres, hermanas y parientes a manos de un feminicida. Además, se ha enfocado a visibilizar a los hijos de las víctimas a los “huérfanos del feminicidio”.

Para María de la Luz López Castruita lo ocurrido la semana pasada no debería de sorprendernos, pues consideró que esa reacción ya se vaticinaba ante el hartazgo de las víctimas frente a un sistema indolente, negligente y omiso.

“Creo que ya se veía venir porque todos estamos muy enojados, todos quisiéramos hacerlo. Admiro a estas mujeres valientes que lo hicieron, lo quisiéramos hacer, pero no nos atreves porque estamos enojados con Gobierno, porque estamos enojados porque salen libres los perpetradores, porque no revisan los expedientes, y porque funcionarios hacen lo que les da la gana con las víctimas. Sí, no es válido muchas cosas que ocurrieron, por ejemplo, golpear a un reportero, la violencia a otras personas se reprueba, pero sobre los daños, algo tenían que hacer estas personas para poder llamar la atención y para poder gritar”, expuso.

María de la Luz López Castruita busca desde hace casi 11 años a su hija Irma Claribel Lamas López. La madre asegura que la joven fue víctima trata de personas y aún tiene la esperanza de hallarla con vida, pues recientemente ha obtenido indicios que apuntan a que podría estar en condición de calle en un estado del centro del país.

Nirvana Hermosillo García, víctima de violencia extrema, no aprueba los destrozos, “lo que hicieron no está bien”, dijo, sin embargo, la víctima recriminó que la atención se haya concentrado en los desmanes y no en el clamor de las mujeres que han sido agredidas y violentadas.

“Lo que hicieron no está bien, pero las víctimas no somos escuchadas. Vamos y demandamos, y no siguen los procesos, nos revictimizan. Yo siento que es más grave lo que nos pasa. Yo creo que hay un grito de mujeres que no hemos sido escuchadas”, expresó la joven.

Nirvana fue apuñalada por su pareja “porque no quería que viera y saliera con nadie más”. Fue el 17 de mayo de 2013. Esa noche, la joven sólo sintió la sangre que escurría por su cara y cómo su ojo “se salía” mientras era apuñalada y brutalmente golpeada por su pareja en las calles de la Alcaldía de Azcapotzalco, Ciudad de México. El ataque hasta la fecha sigue impune: mientras ella vive escondida y con miedo, pues su agresor continúa libre.

En México han sido asesinadas 13 mil 690 mujeres desde el año 2015 a junio de 2019. De esos casos, en total 3 mil 080  asesinatos –22.49 por ciento–son reconocidos e investigados como feminicidios.

Al menos diez mujeres son asesinadas al día en todo el país, en promedio durante este 2019. Tan solo en el primero semestre del año se han registrado al menos 1 mil 812 casos, de los cuales, 448 son investigados como feminicidios y 1 mil 364 como homicidio doloso.

El asesinato de mujeres creció 2.81 por ciento en el primer semestre de 2019, en comparación con el mismo periodo del año pasado, que registró en total 1 mil 761 víctimas de homicidio doloso y feminicidio.

Y en materia de procuración de  justicia, la situación se agrava. El informe “No es Justicia”, realizado por la Red por la Ciudadanización de la Justicia – integrada por al menos 14 organizaciones de la sociedad civil –, expone que el Poder Judicial en México no juzga con perspectiva de género pese a que es una obligación constitucional

El documento analizó un centenar de sentencias judiciales y como resultado identificó que en el 79 por ciento de los casos los juzgadores no utilizaron normas especializadas de protección a los derechos humanos. La auditoría a esas resoluciones también encontró que en muchas sentencias siguen usando un lenguaje discriminatorio y no inclusivo, basado en estereotipos de género, discapacidad o preferencia sexual.

Además, concluyó que en el 85 por ciento de las sentencias examinadas no consideraron cómo influyeron los estereotipos o las características de identidad de las personas involucradas en el caso; en el 80 por ciento de los casos, las personas juzgadoras analizaron la violencia contra las mujeres de manera aislada, y no como una problemática social; en el 47 por ciento de los casos no se valoró la violencia advertida de manera explícita en el relato de las mujeres, y en el 70 por ciento de las resoluciones analizadas, no se valoró las pruebas con perspectiva de género.

LASTIMA SU INDIFERENCIA

Sandra Soto, quien lucha por visibilizar a los huérfanos del feminicidio, destacó que es importante que la sociedad “vea lo que nosotros sentimos, pero su actitud, su falta de empatía todavía nos lastima más”.

María Fernández Jiménez es la madre de Esveidy Consuelo Fernández, una jovencita de 16 años que fue brutalmente golpeada y asesinada por su pareja, Cristian Alejandro Gómez Altuzar, el 6 de agosto de 2017 en Ocosingo, Chiapas.

María comentó el feminicida finalmente pudo ser condenado dos años, sin embargo, sólo fue sentenciado a una pena mínima.

“Yo le pregunto a la sociedad: ¿Ustedes creen que sea justo? La protesta es para que ustedes no vivan el infierno que yo vivo; para que estén completos y felices, no como yo, destruida totalmente, hecha añicos como el vidrio del Metrobús. La diferencia es que mañana ese vidrio estará nuevo, en cambio, nosotros ni pegándonos cachito por cachito volveremos a ser igual. […]Pero tal parece que les preocupa más los monumentos y pintas de la calle. Su indiferencia se suma aún más a mi dolor”, reprochó.

Y cuestionó: ¿No les basta con que me hayan asesinado a mi hija? ¿todavía tienen que criminalizarme? ¿Castigar con su juicio mi dolor? Sociedad: ¿a qué hora el asesino será juzgado por ustedes? ¿a qué hora lo van a apestar ?, ¿por qué no castigan con su duro juicio al Gobierno de no da penas severas a los que nos asesinaron a nuestras hijas”.

Flor Ángel Meza Sánchez esperó un año para que el presunto feminicida de su hija Karen fuera capturado.

Karen Yunuen Ruiz Meza, de 22 años de edad, desapareció el 4 de junio de 2018 cuando se dirigía a su trabajo en la zona industrial de Tizayuca, Hidalgo. Su cuerpo fue localizado cinco días después, luego que su ex suegra informó a la policía que su hijo, el ex esposo de Karen, presuntamente le había confesado que él la estranguló, mató y escondió el cadáver en un patio contiguo a su casa.

La madre se dijo lastimada por el discurso de Gobierno y la falta de atención a la problemática.

“No puede ser que el Gobierno o las autoridades vean que un monumento es más importante. No estoy a favor ni encontrar de lo que se hizo en la marcha, pero duele que no se den cuenta qué es más importante lo que nosotros estamos pasando que un monumento. El monumento será una reliquia, sí, pero lo reparan y queda bien otra vez. A mi hija no me la van a devolver, mi hija no revive. Yo pido que las autoridades hagan conciencia sobre esto”, señaló.

María del Carmen Sánchez dijo que no se sentía lastimada, pero que la reacción y la polarización de la ciudadanía sí le generaba enojo:

“Me ha dado enojo porque un cristal el Gobierno lo compra y lo pone; porque una pared, la pintan y queda perfecta, pero, ¿cómo revives a una mujer que fue asesinada?, ¿cómo desviolas a una niña?, ¿cuándo reparas los daños a las mujeres que hemos sido dañas con una violencia extrema? ¡Jamás! […] Más que lastimarme, me enoja que lo hagan [critiquen a la ligera], pero bueno, cada quien es libre de lo que quiera pensar”, concluyó.

Y agregó:  “He visto todas las críticas que han hecho a esta marcha y dicen que es vandalismo, que no tenemos educación, dentro de esa marcha iba mucha gente profesionista, mucha que no ha sido atendida, y que llevan un grito de desesperación. Dicen que “hay formas” pues que me digan a mí qué forma hay de pedir justicia, porque llevo cinco donde un ataque con ácido no tiene un castigo. ¿Qué formas hay?, porque yo ya pedí de todas formas”, cuestionó.

En tanto que a nivel internacional, activistas y colectivos feministas de países como España, Chile, Ecuador y Argentina  han externado su respaldo a las protestas realizadas en México contra la violencia de género.

El grupo feminista “Mujeres por la Abolición” en España lanzó en twitter una campaña de apoyo bajo del hashtag #AmamoslaFuriaMexicana

“Nos sentimos orgullosas de vosotras. Sois unas tipas grandes, resistentes, potentes, sororas. Os habéis jugado el tipo por defender a vuestras iguales, a nuestras iguales; por querer algo tan sencillo como volver a casa, a salvo, sin miedo. No podíamos quedar quietas frente a tanta dignidad”, escribieron en texto difundido en sus redes sociales.

El colectivo Olla Revuelta, del norte de Chile, así como activistas en Perú, Ecuador, Argentina, mostraron su apoyo.

Sin Embargo