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Una década perdida en la lucha contra la pobreza en México

El lema “Los pobres, primero”, una de las banderas del presidente López Obrador, se da de bruces con la realidad mexicana. El número de pobres durante los últimos 10 años ha crecido de 49,5 a 52,4 millones de personas. En parte, la explicación se encuentra en que durante este periodo la tasa de población ha aumentado más que la disminución de la pobreza. Pero aterrizando las cifras totales a la comparación por porcentajes, el dato tampoco es muy halagüeño: la carestía se ha reducido en apenas 2 puntos: del 44,4% al 41,9%. México ha perdido una década en la lucha contra la pobreza.

Las cifras del Coneval, el organismo encargado de medir y evaluar el desarrollo social en el país norteamericano, revelan mejoras muy modestas en los seis apartados de su metodología durante la serie histórica de 10 años, que abarca las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Uno de cada cinco mexicanos pasa hambre, el mismo porcentaje que tiene carencias básicas en su vivienda. Se ha mejorado considerablemente el acceso a los servicios de salud (la exclusión ha caído del 38% al 16%), pero más de la mitad de los mexicanos (57%) está fuera del paraguas de la seguridad social.

“Esta carestía debería ponernos en alerta y tiene que ver con los altos índices de precariedad laboral e informalidad del trabajo”, indicó durante la presentación de los resultados el responsable del Coneval, José Nabor. La entidad ha estado rodeado de polémica durante los últimos meses. Hace apenas dos semanas, López Obrador destituyó a Gonzalo Hernández Licona, el director de la entidad desde su creación hace 13 años. El cese ocurrió tras la publicación de una columna periodística en la que el funcionario criticaba el recorte presupuestario y de puestos de trabajo enmarcado en la política de austeridad del presidente.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, más de la mitad de las plazas laborales en México están cobijadas en la sombra de la informalidad, que aporta más del 20% del PIB del país. La alternativa para esta gigante bolsa de trabajadores ha sido tradicionalmente el Seguro Popular, un sistema supletorio creado, precisamente, para cubrir los servicios básicos de los empleados informales. Paradójicamente, López Obrador ha anunciado que pretende eliminar este servicio para crear uno nuevo.

Las buenas noticias se concentran en la disminución de la pobreza extrema, considerada así cuando las personas suman tres o más de las carencias establecidas en la metodología. Tres millones de personas han salido del umbral extremo para pasar del 11% al 7,4% de la población total. En todo caso, el movimiento no ha significado una salida completa de la pobreza. Esos tres millones coinciden con la subida en la categoría de pobreza moderada.

El dato más esclerotizado es la carestía por ingresos. En 10 años apenas ha habido una mejoría en la población que vive por debajo de la línea de pobreza por ingresos, ni moderada, ni extrema. A casi la mitad de los trabajadores mexicanos (48,8%) su salario no les sirve para salir de la pobreza. Conectado con la pobreza, la desigualdad es otro de los grandes agujeros mexicanos. El ingreso del escalón más alto de la tabla es 26 veces mayor que el del inferior. “Nos urge mejorar nuestro mercado laboral así como tener más ingresos fiscales y distribuirlos correctamente” añadió Nabor. Una demanda apoyada por instituciones como el FMI o la OCDE, pero a la que el presidente de México hace de momento oídos sordos, empeñado en postergar la reforma fiscal para después de 2021.

La pobreza parte a México en dos. Pese a la caída de los porcentajes en todos los Estados del país, el eje norte-sur ha seguido ensanchándose durante la fotografía de esta década. Si en 2008, dos Estados sureños –Oaxaca y Chiapas– contaban con el 65% de su población hundida en la pobreza, 10 años después a este grupo se suma ahora Guerrero, paradigma del México rural, olvidado por la instituciones y azotado por el narcotráfico. De entre los sectores de población más excluidos destacan, de nuevo, las comunidades indígenas. Casi tres cuartas partes de la población originaria mexicana son pobres. La situación empeora para el caso de las mujeres indígenas, hasta elevar el porcentaje a un 80%.

El País

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